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Verdad, vida y libertad, tres hermanas siamesas
¿Qué es la verdad? Pilato no es el único que dejó a un lado esta cuestión por insoluble. Hoy, unos por ignorancia, otros por comodidad, otros por interés en conservar o aumentar su poder político y/o económico, son muchos los que practican el escepticismo: no se puede conocer lo que es verdad, dicen los más moderados; toda opinión es verdad, pero ninguna es absoluta, dicen los relativistas; nada es verdad, afirman los más radicales.
Ya Agustín de Hipona (Siglo IV-V) decía, que la naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, él quiere que ese algo sea verdadero. Así se persuade de que es verdadero lo que en la realidad es falso. La pasión y la voluntad han vencido a la inteligencia. Han pasado muchos siglos pero eso sigue siendo tremendamente actual y terrible. Porque la verdad, la vida y la libertad son hermanas siamesas inseparables, si se mata una de ellas pronto mueren las otras dos.
Hoy día impera el voluntarismo malo. A fuerza de repetir unas mentiras y aderezarlas con los mejores recursos de las técnicas publicitarias, consiguen que grandes masas humanas terminen por aceptarlas como verdades. Después será fácil imponer democráticamente esas mentiras a los que se resistan, porque ya lo exige el criterio mayoritario.
La vida es la más hermosa verdad de todo lo que nos rodea. Y dentro de ella, la vida de los seres humanos, posee la mayor de las excelencias vitales, la excelencia del espíritu humano, que es la culminación de la verdad y de la vida y la única en donde existe libertad de elegir.
Pero hoy la vida humana es la que corre mayor peligro de destrucción. Un abeto, una foca, un faisán, tienen mas defensores que la vida de los seres humanos intrauterinos o la de los niños de la calle.
Los avances de la biología demostraron, ya hace años, que el cigoto humano tiene 46 cromosomas --propios y exclusivos del hombre--, está vivo y sexualmente ya es hombre o mujer (la biología no admite la falsedad del género, una de las mentiras insistentes de la cultura de la muerte) y además esa dotación cromosómica desde el cigoto, es propia y exclusiva de cada individuo humano.
Pero los que practican abortos, cierran sus ojos y su mente a la verdad científica y, como lo dicho por San Agustín, tratan de convencerse de que lo que suprimen no era todavía un ser humano sino sólo un montón informe de células. Pero eso no ha sido un pequeño aborto, como dijo un insigne biólogo francés, sino el aborto de un pequeño, que es algo muy distinto, porque ese pequeño ya era todo un ser humano.
La vida, toda vida, es una verdad maravillosa, tanto más maravillosa conforme vamos conociendo el misterio de los pasos y estructuras de sus desarrollos, desde la pequeña semilla al árbol centenario; del huevo inmóvil al ave que cruza con su vuelo de un continente a otro. Pero entre todas las vidas, la vida humana siempre será la verdad más valiosa porque posee esa chispa divina que le hace poseer inteligencia racional, voluntad libre y conciencia moral.
Al elegir la verdad, especialmente la verdad moral, toda persona se ennoblece y recibe, como fruto, la alegría espiritual y la paz de la conciencia. La vida social consiste en promover la verdad en la justicia, en las libertades personales y en la cultura. Si se elige vivir en la mentira, toda personalidad se envilece, las relaciones sociales se complican, se hacen conflictivas y violentas hasta el crimen.
Cuando se dificulta el triunfo de la verdad, las libertades y la vida decaen. Si se impide totalmente la verdad, ya sea en un ser humano, en el sistema legal o en una democracia, allí termina por morir la vida.
*Dr. en Medicina. Columnista de El Diario de Hoy. luchofcuervo@gamail.com
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