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Víctimas del "depende"
Basta un corto análisis de la historia y la coyuntura en nuestro país, para llegar a la conclusión de que tan típico como nuestra comida nacional, es para El Salvador el "depende". Muletilla de todos aquellos que prefieren no sentar postura para evitar comprometerse, o de quienes la falta de principios les impide escoger un criterio; el "depende" no tendría mayores consecuencias si no dejara víctimas a su paso.
Para contextualizar, puede utilizarse de ejemplo la libertad de expresión. Consagrada en el sexto artículo de la Constitución de la República, se da por hecho que mientras se cumpla con los requisitos de no subvertir el orden público y no se lesionen derechos ajenos, cualquier ciudadano tiene la potestad legítima de expresar sus opiniones, ¿verdad? Pues en nuestro país, depende: de quiénes sean los que quieren manifestarse, cuáles sean sus opiniones y del humor con el que amanezcan aquellos que cuentan con el poder de dar órdenes a la fuerza pública.
Cualquiera podría escandalizarse ante lo anterior, argumentando "¡pero si es un derecho constitucional! ¿No es la Constitución el cuerpo normativo más importante?"
Nuevamente, en este país, depende: de quien la esté leyendo y si la interpretación de su espíritu favorece o no los intereses o miedos políticos de los gobernantes independientemente de su color partidario, pues si no les parece, pueden decidir con la arbitrariedad de quien escoge comida en un menú, sobreponer sobre la Constitución los estatutos de la Corte Centroamericana.
Afortunadamente, ninguna de estas acciones arbitrarias y abusos de poder quedan impunes, ya que toda acción tiene su consecuencia y las acciones que van contra las leyes se pagan con sanciones, multas o cárcel, ¿verdad?
En El Salvador, depende: si el que decidió ir contra la ley tenía influencia económica sobre los jueces, cuello con algún gobernante o la capacidad de escudarse tras la negociación de un fuero, eso de las consecuencias sale sobrando.
Y el problema no es solamente de los políticos y gobernantes: gran parte de la sociedad civil ha pecado también del "síndrome del depende" cuando se trata de calificar y auditar los temas de la cosa pública. El calificativo de si una acción de los gobernantes es indignante o válida, también ha dependido: si los perpetradores son "nuestros" sinvergüenzas o de "los otros" sinvergüenzas.
Y sabemos que lo anterior no es más que una muestra del flagelo que el "depende" causa en el Estado de Derecho, las hasta ahora víctimas (todos los que sufren por los empleos que no se crean por la falta de inversión, los que padecen el flagelo de la desprotección de sus derechos más básicos como la vida, la libertad y la propiedad privada) no pueden resignarse a su papel de víctimas y poner un alto, porque salir adelante es responsabilidad de una ciudadanía despierta, consistente y consecuente, que ande dependiendo de "dependes".
* Lic. en Derecho.
Columnista de El Diario de Hoy.
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