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Solución a la crisis
He hablado con varias de las personas que, con el objetivo de ponerle fin a la crisis institucional que sufrimos, se están reuniendo en Casa Presidencial, de un amplio abanico que en su esencia representa las posiciones existentes sobre la mesa. Hay diferentes interpretaciones sobre lo vivido durante la segunda reunión concluida ese pasado jueves por la noche y la verdad es que nadie, con al menos cierto grado de conocimiento sobre lo que ha venido aconteciendo, podría haber esperado que fuera fácil empezar a desactivar una crisis de semejante envergadura, porque desafortunadamente, vaya que hemos llegado a tensar al máximo la pita de nuestra incipiente institucionalidad democrática.
Encontrándose los ojos del país y de la comunidad internacional sobre la instancia de diálogo que se está desarrollando en Capres, si seguimos reprochándonos unos a otros, no avanzaremos. Mejor nos sale, por apego a la legalidad y por el bien del país, concentrarnos en buscarle solución a la crisis. Lo cual inicia ratificando o nombrando magistrados según sean los acuerdos a los que lleguen quienes al final tienen la mayoría calificada que se requiere, ya que esta crisis no inició por cuestionamientos sobre personas sino sobre procedimientos --las sentencias de la Sala así lo determinan-- y al menos que yo sepa, no ha salido en la mesa punto de honor en contra de alguien.
Animadversiones claro que las hay, pero de ello suficiente hemos oído ya. Acatadas las sentencias, como constitucionalmente se requiere --léase ratificación o nombramientos--, si los diputados sienten que se vuelve necesario legislar de manera más precisa sobre determinados tópicos, pues esa labor es la que como Legislatura les compete. Diciéndose con frecuencia que la política es el arte de lo posible, la verdad es que si algo ha quedado en evidencia durante la prolongada crisis de la cual estamos intentando salir, es que nuestra sociedad optó por vivir bajo el Estado de Derecho, con apego a los valores y la institucionalidad democrática por incipiente que esta última sea.
Consecuente con mi comentario de la semana del 19 de mayo, en el cual escribí: "Siendo El Salvador un país presidencialista, más al estilo de los Estados Unidos que de los regímenes parlamentarios europeos, pienso que el presidente de la República debería intentar acercar posiciones entre diferentes sectores de nuestra sociedad...; es, a su vez, lo que le compete hacer como jefe del Ejecutivo. Teniendo el poder de convocatoria que su investidura le proporciona, pienso que debería ejercer ese rol". Me refiero a esto por opiniones vertidas sobre la iniciativa que tiene en una mesa a los políticos en Casa Presidencial. Por las razones que sean y cuando así se requiera, bueno es rectificar.
Estando claro que la instancia legislativa en este tema estaba totalmente agotada, creo que ha sido sano el cambio de cancha que se ha dado. Espero y a Dios le pido que esto se desentrampe pronto, y que haya solución y no salida a la crisis, es decir, que la solución a la crisis sea acorde con nuestra Constitución, que se acaten las sentencias como corresponde, con ratificación o con nombramientos según los acuerdos políticos que se obtengan. Y que salga con ello fortalecida nuestra incipiente institucionalidad democrática, ya que con claridad hemos apostado los salvadoreños por que prevalezca el Estado de Derecho y, en general, los valores democráticos. Y es así como debe ser.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.
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