OTROS EDITORIALES

Diversas actitudes ante la vida

Por Luis Fernández Cuervo* Domingo, 22 de Julio de 2012

Existen distintas actitudes al conocer algo que tiene vida. Una de ellas es acercarse a todo ser que está vivo con asombro y admiración. De este maravillarse surge después el querer saber más, querer ampliar el conocimiento sobre la vida, pues la pasión por saber es parte de la constitución espiritual del ser humano. Esa misma es la pasión honesta y esforzada de los investigadores de ciencia pura: el saber por saber, sin fines prácticos, saber cada día más, pero respetando siempre el misterio y dignidad que le dan a ciertos seres el hecho de tener vida.

Otra actitud es la de los que, después de los primeros conocimientos (infancia, colegio, incluso universidad), se contentan con lo ya sabido y no requieren más indagaciones. Es lo propio de la mayoría de los hombres, donde la pasión por saber se canaliza sólo hacia el manejo y la utilidad práctica de los objetos y mecanismo inertes.

Y existe una tercera actitud donde, como en el primer caso, existe la pasión por ahondar en el conocimiento científico de la vida, pero con una investigación dirigida siempre hacia la manipulación práctica y el progreso de ciencias y tecnologías aplicadas a la agricultura, ganadería, farmacia, biología, etc. Pero cuando la vida que se manipula es la de los seres humanos, el asunto es diferente y más delicado porque existe el deber de obedecer a las leyes de la Ética. Pero aparece la tentación de prescindir de esas leyes por sus ventajas económicas y de éxito muy publicitado. Debajo se esconde la arrolladora pasión de un poder que aspira a hacerse dueño de la vida. Es el viejo pecado del Paraíso ("seréis como dioses…). Allí ya no existe respeto, ni a Dios, ni a las leyes universales que rigen la naturaleza, ni a la ecología de los seres humanos. Pasión para adquirir un poder creciente tratando de poseer --¡vano intento!-- el último secreto de la vida humana.

Un médico pionero en las técnicas de fecundación in vitro, fue claro en mostrar la fuerza que le movía en sus trabajos cuando dijo: es que al hacer esto uno se siente como si fuera Dios.

Podemos ir avanzando en cómo son las estructuras y el funcionamiento de los seres humanos; hemos adelantando mucho en el conocimiento del cerebro humano; pero la vida psíquica de un hombre, aunque está íntimamente relacionada con el funcionamiento del cerebro y su sistema neuronal, no se agota con eso. Ya la causa de por qué está viva una semilla encierra un tremendo misterio; también la de una simple célula. Y todavía más inútil es tratar de saber, por ciencia evolucionista, por qué existe el espíritu humano, ese principio vital que nos da conocimiento abstractivo y conciencia moral, que crea tipos de lenguaje, que se conmueve de muy distinta manera ante lo bello que ante lo feo. Ninguna planta o animal tienen ese tipo de conocimientos y carecen de conciencia moral.

Dos opiniones de renombrados científicos sobre la vida material. "La bacteria más elemental es tan condenadamente complicada desde el punto de vista químico --dice John Horgan--, que resulta casi imposible imaginar cómo ha surgido". Y Werner Arber, microbiólogo y premio Nobel de Medicina, reconoce que no sabe lo que es la vida: No puedo contestar a esa pregunta. No entiendo cómo todas esas moléculas han podido juntarse para formar estos organismos unicelulares o multicelulares inicialmente. Simplemente no lo comprendo. Como científico debo ser honesto, por lo que debo confesar que estoy lejos de entender completamente lo que es la vida.

Y la vida del espíritu humano es un mayor misterio. Está unido al funcionamiento cerebral y al conocimiento sensorial que tienen también, en grado diverso, los animales, pero su aspiración a la perfección en la verdad, la belleza, el bien y a una vida inacabable señalan su origen no en la materia sino en el poder divino.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

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