OTROS EDITORIALES

La decadencia

Por Marvin Galeas * Miércoles, 4 de Julio de 2012

Es un hecho innegable que en los últimos años el país ha venido cayendo en una espiral decadente en casi todos los ámbitos de la vida nacional, desde lo económico, pasando por lo político, hasta lo moral. Esta afirmación no es subjetiva, se fundamenta en datos cuantificables que están a disposición de cualquiera: sube lo malo y baja lo bueno.

Ya nos parece normal que haya asaltos y asesinatos en el interior de los autobuses, que se irrespeten las señales de tránsito, que las calles estén en mal estado y que, en general, los servicios que presta el Estado sean de pésima calidad. La convivencia ciudadana está marcada por la crispación, la desconfianza, la descortesía y hasta la ira.

La palabra crisis es la que más se repite en los artículos de opinión y en el discurso de los líderes nacionales. Es normal que las naciones pasen por períodos difíciles como consecuencia de guerras o desastres naturales. También pueden ocurrir etapas difíciles para un país debido a una situación aguda de crisis económica mundial.

Sin embargo, nuestro país no ha sufrido en los últimos cinco o seis años ni guerras, ni desastres naturales graves. Los demás países de la región han superado las consecuencias de la crisis provocada por el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos en 2008.

¿A qué se debe entonces este aire triste, amargo y pesimista que se respira en el país desde hace unos años? ¿A qué se debe esta decadencia? En mi opinión tiene que ver con el talante y la conducta del liderazgo político que se ha venido calcificando a partir de los últimos procesos electorales.

Un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos al Congreso de ese país de 2011, dice textualmente que En El Salvador "La corrupción sustancial en el sistema judicial contribuyó a un alto nivel de impunidad, a afectar el imperio de la ley y el respeto del público por esta instancia".

Mientras tanto por la Asamblea Legislativa han pasado diputados ligados al narcotráfico, patanes, viciosos y algunos que no tienen nociones ni siquiera de aritmética. Afortunadamente hay una buena cantidad de legisladores decentes y dedicados a su trabajo. Es injusto tasarlos a todos por igual, pero son los peores los que generan la pobre y generalizada percepción que la gente tiene sobre el llamado "primer órgano del Estado".

En cuanto al Ejecutivo, me limito a repetir, palabras más o palabras menos, lo que dijo en un programa de televisión el dirigente del FMLN doctor Fabio Castillo "pero de Casa Presidencial se oye cada cosa, que para mí eso es el peor desencanto que puedo tener" y esas cosas que se oyen se comentan en las calles, las oficinas, las redes sociales, las peluquerías, la embajadas.

Para rematar al presidente del llamado "primer órgano del Estado" y a sus aliados simplemente no les da la gana acatar los fallos de la Sala de lo Constitucional, a pesar de que la Constitución Política dice claramente que "La Corte Suprema de Justicia por medio de la Sala de lo Constitucional será el único tribunal competente para declarar la inconstitucionalidad de las leyes, decretos y reglamentos, en su forma y contenido, de un modo general y obligatorio, y podrá hacerlo a petición de cualquier ciudadano".

Es claro que si el liderazgo que tiene a cargo la conducción política del Estado está desenfocado, no está en lo que debe estar, no respeta las leyes y no promueve la armonía social, sino todo lo contrario, el mensaje que se envía hacia la ciudadanía es que "todo se vale". La ley de la selva.

Aprendamos la lección. Debemos escoger con más cuidado a nuestros líderes políticos. Pronto tendremos otra vez elecciones para presidente y vicepresidente de la República. Lo que haga o deje de hacer el presidente nos impacta a todos para bien o para mal. Además de la formación académica y su desempeño profesional debemos auscultar muy bien su trayectoria moral.

*Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleas@grupo5.com.sv

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