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Contando dinero frente a los pobres
Como si no fuera suficiente la anarquía creada por los diputados en su pleito con la Sala de lo Constitucional, el sindicato de trabajadores del Ministerio de Hacienda se declaró en huelga y sabedores que esto no tienen ninguna importancia para el pueblo, decidieron cerrar las fronteras del país, impidiendo el paso del transporte comercial, lo cual prácticamente paralizó el comercio en el país con pérdidas millonarias para importadores, exportadores, transportistas y el público en general, que ahora tendremos que pagar más por las verduras y las frutas que subieron fuertemente sus precios.
¿El motivo? Que a los pobrecitos empleados no les han entregado un bono de $1,000.00 por persona, que habían acordado como consecuencia de negociaciones y huelgas anteriores. Esto es extra a lo que reciben en sueldos, horas extras y otras prestaciones.
En su reclamo, el sindicato dice que "ellos no son los empleados mejores pagados del Estado, sino que hay otras instituciones donde ganan mejores sueldos y tienen mayores prestaciones y ponen como ejemplo a la Asamblea Legislativa, en donde cada año se reparten $1'910,115.83; la Corte Suprema de Justicia que distribuye un aproximado de $16'267,200.00 y la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la República, que el año pasado entregó un poco más de 917,791.21, todo en concepto de bonificaciones, sin incluir otros beneficios que discrecionalmente tienen muchos funcionarios del gobierno". (Comunicado del 26 de junio del SITRAMHA). ¡Son 19 millones de dólares sólo en estas 3 instituciones! ¿Qué pasará cuando se sumen las exigencias de los maestros, de los sindicalistas del Seguro Social, de los sindicalistas de los hospitales y luego los sindicalistas del Órgano Judicial?
Ellos siempre argumentarán que son "reivindicaciones" que garantizan ingresos dignos y respeto a los "derechos humanos laborales", pero todo el pueblo y especialmente los trabajadores del sector privado, saben que no es más que un chantaje para ganar fácilmente y sin dar nada a cambio, a expensas del dinero que el Estado recauda de los impuestos que los ciudadanos pagamos.
No se trata de dignidad cuando se llega a un desfase total entre lo que se hace y lo que se recibe; el empleado público (los burócratas) siempre son las personas que menos trabajan y que menos rinden por el simple hecho que nadie conoce al dueño del trabajo (el Estado) y por lógica, no hay un compromiso sobre cumplimiento de obligaciones, de metas y de mejor rendimiento. El Estado desempeña una función social al dar trabajo a muchas personas que no producen y que por ende, es imposible que encuentren trabajo en el sector privado. Lo cínico y vergonzoso es que además, les den más y mejores sueldos, prestaciones y beneficios que los coloca en niveles de trabajadores de países muy desarrollados y que de remate, no pueden ser removidos pues los protege la Ley de Servicio Civil.
El Salvador es un país pobre y para colmo, desde hace 3 años, también somos el país más endeudado que está en el último lugar en desarrollo, productividad, inversión, seguridad y creación de empleo en toda Latinoamérica.
Los empleados y trabajadores de todos los niveles de la empresa privada, así como los independientes, trabajan dando todo de sí, aportando lo mejor de sus conocimientos y defendiendo hasta con las uñas su empleo y la empresa para la que labora; sin embargo, los salarios van de acuerdo a lo que se produce y a lo que se vende… y en las condiciones económicas en que se encuentra el país, apenas se logra sobrevivir. Esto no permite mejorías salariales y para los próximos dos años la situación se proyecta peor. Aún así, la actitud siempre es positiva, trabajando con fuerza, contra la adversidad y con fe en Dios.
Mientras tanto, los burócratas seguirán pidiendo más y más dinero y más concesiones para poder "vivir en condiciones mínimas".
No cuenten dinero frente a los pobres por favor, que solamente servirá para ganarse más repudio de nuestra sociedad.
*Colaborador de El Diario de Hoy.
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