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En el filo de la navaja
Al máximo ha sido estirada la pita de la institucionalidad, pita por lo frágil que es, y la verdad es que ambas partes tienen parte de la culpa por el tremendo embrollo al que como país nos han llevado. Por su peculiar falta de humildad cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional chocaron, casi desde su juramentación, con el resto de miembros de ese órgano del Estado cuando en El Salvador no hay un tribunal constitucional que esté jerárquicamente sobre las demás salas que componen la Corte Suprema de Justicia. Sus resoluciones, sobre todo algunos razonamientos, causaron escozor en diferencias instancias de poder, animadversión en otros.
Pienso que la sociedad organizada en su más amplia acepción, léase "Aliados por la Democracia", ha venido dando una encomiable lucha a favor de la institucionalidad del país, apoyando a una Sala que, guste o no, es de carácter independiente. El grupo de abogados lanzado al debate público ha dado razonamientos jurídicos muy válidos. Pero el enfrentamiento, en especial desde las últimas resoluciones de dicha Sala sobre la elección de magistrados, dejó de ser jurídico y se convirtió en político. De esos del todo o nada donde los ánimos caldeados nublan la razón y cierran la posibilidad de resolver el entuerto a través de un acuerdo político entre ARENA y el FMLN.
De haberse dado un acuerdo político, pues estuvo al menos la propuesta de ratificar a los cinco magistrados de 2006 e incluso a los de 2012, dejando al actual presidente del órgano Judicial en la Sala de lo Constitucional, se hubiera dado cumplimiento a las resoluciones; pero como bien se dice en la cultura anglo, los "if" no existen, y los acontecimientos sólo han venido de mal en peor desde el momento en que se dejaron de cumplir las sentencias de la máxima instancia en materia constitucional, recurriéndose en vez de ello por parte de la Asamblea Legislativa a la Corte Centroamericana de Justicia de quien se duda si tiene jurisdicción en el tema, radicalizándose con ello aún más las posiciones.
En momentos de crisis tan generalizada --crisis económica global, huelgas a nivel nacional, falta de empleo y alto precio de la canasta básica, entre otros--, la consecución de un acuerdo político que desentrampe al país bajo ningún punto de vista deberá verse como irrealizable; por el contrario, es en realidad lo que compete y hasta podría llegar a generar una dinámica positiva de recuperación de confianza, al fortalecerse los esenciales pesos y contrapesos que se requieren en toda sociedad democrática. Y los salvadoreños, que sorprendimos al mundo hace veinte años al lograr ponernos de acuerdo para finalizar la fratricida guerra que vivimos, aspiramos legítimamente a más, mucho más.
Pendiendo ya casi de un hilo la institucionalidad del país por los plazos establecidos y por los movimientos "fast track" de los últimos momentos, todos perderemos si no se actúa con sensatez y prudencia, respetando la independencia entre órganos del Estado. Por el bienestar de las grandes mayorías y el país que anhelamos dejarle a nuestros hijos y a nuestros nietos, vale la pena la realización de un esfuerzo de última hora que nos preserve la incipiente institucionalidad de Estado democrático que mucho nos ha costado y por el cual tanto hemos luchado.
¡Ojalá sea así!
*Director Editorial de El Diario de Hoy.
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