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Presidente que se va... no vuelve. ¿Aplicará a Paraguay?
El viernes pasado, el presidente Fernando Lugo fue destituido luego de juicio político del Senado paraguayo, aparentemente por mal desempeño de sus funciones. Las motivaciones manifiestas, entre ellas las muertes en tomas de tierras y la fama del ex-mandatario de engendrar siendo obispo, "el Obispo de los pobres", no son las razones de fondo de la destitución.
Para comprender las causas de fondo debemos observar y analizar la correlación de fuerzas que confluyeron ese momento en la sociedad paraguaya, y el contexto internacional que posibilitó el derrocamiento, determinando el golpe de timón en la conducción del gobierno paraguayo, culminando con la sustitución presidencial.
A nosotros la historia reciente nos proporcionó ejemplo cercano en la vecina Honduras, cuando su Congreso destituyó al ex–presidente "Mel" Zelaya. Una Honduras que mostró que en este siglo: "Presidente que se va… no vuelve". Aunque tenga la solidaridad de la red de gobiernos populistas del Siglo XXI.
Fernando Lugo obtuvo el capital político que le llevó a la presidencia, abanderando los reclamos campesinos por una mejor distribución de la tierra y la superación de la exclusión de las zonas rurales. Y fue así que Lugo, sin ser "político", desde un partido pequeño mostró liderazgo y aglutinó una amplia coalición con más de 10 partidos políticos de oposición, las federaciones sindicales más importantes y los movimientos sociales de izquierda, en la denominada "Alianza Patriótica para el Cambio", la que derrocó al Partido Colorado que había gobernado Paraguay por más de 60 años.
Siendo Paraguay el miembro más pobre de Mercosur, la presidencia de Lugo supo mantenerse fuera de la iniciativa del ALBA y guardó distancia de los líderes populistas de Latinoamérica. Su gobierno, al igual que otros gobernantes prudentes, se enfocó a solucionar los problemas internos del Paraguay. Sin embargo, en sus primeros dos años perdió su capital político y debilitó su liderazgo, al grado que Paraguay se sumió en la crisis que culminó con la destitución de "El Jefe".
Los países sudamericanos más solidarios con el "Obispo de los pobres", como Venezuela y Argentina, inmediatamente retiraron sus embajadores de Asunción. Países como Brasil, Ecuador y Bolivia, sólo los mandaron a llamar. Otros gobiernos se mantienen a la expectativa.
El Salvador sostuvo en un comunicado una posición oficial prudente (a diferencia del apoyo público y privado que sin tapujos dio a "Mel" Zelaya cuando este fue destituido también por su Congreso). Y las palabras más fuertes en el comunicado emitido por cancillería fueron, que "difícilmente puede haberse efectuado respetando las garantías mínimas de audiencia y defensa que son inherentes al derecho de un debido proceso".
Sin embargo, el presidente Funes, en conferencia de prensa varió la posición, diplomáticamente la contradijo, y corrigió aparentemente al declarar que "Ante tales circunstancias, el gobierno de El Salvador no reconoce la legitimidad de la designación del vicepresidente Federico Franco como presidente del Paraguay". Quizá una posición es para el exterior y la otra para consumo local.
"Mel" se fue, y no regresó. A ver si Paraguay, tal como lo hizo Honduras, también enseña a Latinoamérica sobre soberanía del pueblo. Principalmente a la red de gobiernos populistas, que abruptamente desconocen al nuevo presidente, bloquean comercio y suministros de petróleo (como ya lo hizo Chávez con Paraguay).
Y El Salvador, ¡ah mi querido El Salvador!... Hoy está siendo ejemplo de respeto a la legalidad y la Constitución, en días confusos donde la Asamblea Legislativa destituye a magistrados de la Corte Suprema de Justicia y designa a otros. Y con pronta sentencia, magistrados nulifican otros magistrados. ¡Bonito ejemplo como para llenarnos la boca reclamando a la República del Paraguay!
*Columnista de El Diario de Hoy. resmahan@hotmail.com
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