OTROS EDITORIALES

La zoología no es el camino al desarrollo

Por Alejandro Alle* Lunes, 18 de Junio de 2012

Desde la economía se pueden elaborar diagnósticos, así como pronosticar resultados de diversas políticas públicas. Pero el camino para salir del subdesarrollo exige, además, gran claridad conceptual en la clase política.

En su origen la economía se llamaba "economía política", habiendo sido la amputación de "política" la excusa perfecta para desvalorizar la importancia de las políticas públicas.

Peor aún, quizás, la quita del apellido hizo olvidar que el centro del análisis es el hombre. El individuo. Que no se limita simplemente a reaccionar, como una piedra que cae por la fuerza de gravedad, o un motor que se apaga por falta de gasolina.

El hombre no sólo reacciona, sino que actúa, buscando pasar de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria. Siempre. Afortunadamente.

En efecto, las personas observan, piensan. Actúan. Mal que les pese a los aprendices de alquimistas, esos que abundan en América Latina e insisten con sus experimentos de "ingeniería social".

Para evitar que las personas piensen…, los alquimistas tienden a restringirles las libertades, el acceso a la educación, y el desarrollo, buscando hacerlas menesterosas del poder. Independientemente del color que circunstancialmente el poder tenga.

El poder es conservador por definición. Tanto en manos de quienes vociferan marchas sobre tumbas y sangrientas sudoraciones, como en manos de los adoradores de la vieja foto de Korda. Esa que convirtió a un sanguinario guerrillero, de quien muchos de sus seguidores nada saben, en un ícono pop estampado en camisetas. Ironías del destino.

Los alquimistas podrán decir que son de derecha o de izquierda. No importa: suelen decir cualquier cosa. Podrán, también, alegar ser "pura sangre" o "hueso colorado", definiciones que se parecen porque son lo mismo: ambos viven en la guerra fría. En verdad, viven de la guerra fría. Reflotar fantasmas del pasado es su modus vivendi. Del cual viven muy bien.

Y no es por ignorancia. Ambos, los de derecha y los de izquierda, saben perfectamente que el Muro de Berlín cayó (en realidad fue derrumbado…) en 1989. Pero se paran al lado de los escombros, en un espectáculo patético, que ofende la inteligencia.

Los de derecha aprovechan ciertos procesos autoritarios de Sudamérica para sobreactuar sus ¿convicciones?, borrando del mapa capitalino a un país entero (¿medida profiláctica por miedo a contagiarse por pronunciar "Venezuela"?...).

Y los de izquierda proclaman que tales experimentos autoritarios son "progresistas". Burda falacia.

¿Será casual la connotación zoológica de las figuras escogidas por los unos y los otros?: "pura sangre" y "hueso colorado". En todo caso, ninguna hace referencia a las neuronas. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Así como en el cuento de Andersen un niño terminó con la farsa cuando dijo lo obvio, que el rey estaba desnudo…, son muchos los jóvenes que ya están diciendo que el Muro está caído. Desde hace 23 años. Y que no es válido seguir escudándose en sus escombros. De uno u otro lado.

Afortunadamente en El Salvador hay muchos jóvenes "aguacateros", término con el que se autodenominaba días pasados Cristina López en su columna, con la punzante inteligencia a la que nos tiene acostumbrados. Dejando en evidencia la torpeza del discurso zoológico.

Hay asimismo jóvenes de izquierda con ideas (verdaderamente) progresistas, que quieren lo mejor para su país. Que en vez de andar hablando del color de sus huesos…, utilizan bien su materia gris.

El desafío para ellos es actuar en política, seguir fortaleciendo su formación, y comenzar a ocupar sillas que hoy calientan vejetes mal formados, de uno y otro lado, cuyos relojes se detuvieron en la guerra fría.

Deberán abrirse camino a los codazos. Siempre fue así. Pero tampoco es tan difícil: la pobreza intelectual y la endeblez ideológica de muchos vejetes (que puede comprobarse en cualquier entrevista…) no resistiría el menor debate frente a varios de estos chicos.

Será entonces que El Salvador comience a tener la dirigencia política que se merece. Una mucho mejor que la actual.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires).

Columnista de El Diario de Hoy.

alejandro_alle@yahoo.com

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