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Decisiones, decisiones…
Hace tiempo consulté con un sacerdote cuál era la mejor manera para tomar decisiones, del tipo que fuesen, en especial, claro, las difíciles e importantes.
"Hija --me dijo-- la obligación más difícil para quien tiene algún tipo de autoridad (padres, maestros, jefes, funcionarios, etc.) es el tomar decisiones. Agradable cuando tiene que decidir solamente entre cosas buenas y de beneficio; fácil, cuando tiene que hacerlo entre el bien y el mal, porque automáticamente debería desechar el mal y optar por el bien. Pero, lo verdaderamente complicado, es decidir entre dos males: sabe, anticipadamente, que habrá daño para algo o alguien; sin embargo, deberá decidir con la sabiduría y prudencia suficientes para escoger el mal menor. Si lo hace de buena fe, con buena voluntad y dentro de la moral, los resultados, a la larga, serán buenos". Nunca olvidé sus palabras.
Creo que todos los adultos responsables nos hemos visto, millones de veces, ante la necesidad ineludible de tomar decisiones, y la mayoría de veces decidimos lo justo y conveniente, aunque esto sea totalmente opuesto a lo que quisiéramos o nos gustaría. Traigo a cuenta este comentario, porque nuestro país está orillándose a una hecatombe, si las decisiones nacionales, tan cruciales, no se toman de buena fe, moralmente, con la mejor buena voluntad y el objetivo de buscar el bien mayor o el mal menor.
La sentencia 19-2012 emitida por la Sala de lo Constitucional de la CSJ está siendo analizada ampliamente desde los aspectos jurídico y político. En este espacio de opinión, lo haré desde el ángulo con que inicié este artículo: el de la toma de decisiones.
Considero que los magistrados que han dado la sentencia mencionada, son personas conocedoras de la Constitución (o no estarían desempeñando esos cargos); considero también que han estudiado a conciencia las demandas que se les han presentado y que, buscando honestamente el bien mayor o el mal menor, han tomado una decisión que absolutamente todos los ciudadanos tenemos la obligación de obedecer. Punto. Es indigno (podría utilizar docenas de adjetivos calificativos, pero me limitaré a "indigno") que haya diputados (los primeros llamados a dar un buen ejemplo) que estén buscando subterfugios "legales" para desacatar ese mandato.
Entiendo que la mayor (y única) autoridad que puede y debe definir los alcances constitucionales de acciones públicas o privadas en nuestro país, es precisamente la Sala de lo Constitucional. La Constitución no dice que la obedezcamos cuando estemos de acuerdo, sino siempre. Menciono de nuevo a los diputados: ellos han jurado, específica y gravemente, que cumplirán y harán cumplir la Constitución. Entonces, ¿a qué viene el berrinche?
Honestamente, no veo una posición "soberbia" en los magistrados de dicha Cámara, ni creo que están actuando "en venganza", como algunos han declarado. Creo, sí, que han tomado muy seriamente su responsabilidad de decidir lo mejor y conveniente, a sabiendas de que se les vendría un torbellino encima (ya estaban amenazados: ¿recuerdan el discurso de Sigfrido Reyes el 01/05/2012?)
Haciendo un paralelo: es como cuando los padres de familia, extenuados después de dar mil explicaciones a los hijos sobre las razones para negarles algo, al no querer ser comprendidos por ellos, deben terminar diciendo: "NO, porque yo lo digo y YA".
Por favor, padres rebeldes y malcriados de la Patria, compórtense como adultos responsables y no como adolescentes histéricos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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