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Trabajar en equipo
Sin duda alguna todos queremos lo mejor para los hijos, y cuando un papá o una mamá descubren que su hijo sabe más que ellos, y que es capaz de hacer cosas que ellos no pueden lograr, además de la lógica admiración, se sienten orgullosos y les invade la sensación de que --al menos en esto-- están haciendo las cosas bien.
Sin embargo, cuando entra en escena la tecnología, y concretamente la tecnología informática, el orgullo se mezcla con cierta incertidumbre, e incluso, temor.
No sólo el miedo a lo desconocido, sino a lo que se sabe a medias --que es peor--, como el significado de esas palabras: "sexting", "grooming", "phishing", adicción (que sugieren realidades específicas: acoso sexual, abuso, engaño, amargura…), y que implican, en el ámbito de las redes sociales, realidades muy concretas relacionados con el dolor y el abuso, principalmente de menores de edad.
Lo cierto es que son problemas potenciales, parte del paisaje en el mundo cibernético, para los que ni un niño o una niña, ni siquiera los adolescentes, están preparados. Se suelen presentar como resultado de un coctel letal: necesidad de atención, tiempo libre (demasiado tiempo libre), curiosidad, tendencia a lo inmediato y rechazo de lo que requiera esfuerzo prolongado… Pero, sobre todo, inmadurez emocional.
Y no me refiero a la inmadurez del que no ha logrado alcanzar su pleno desarrollo de acuerdo a su edad, sino a la inmadurez propia de un menor. Pues aunque parezca una perogrullada, con demasiada frecuencia se nos olvida que no son adultos chiquitos, sino personas inmaduras necesitadas del apoyo, del contacto y de la supervisión de los adultos para su educación y crecimiento.
Hay un elemento más que puede confundirnos, y es el hecho de que como en la gran mayoría de los casos, los chicos han aprendido a utilizar las nuevas tecnologías autodidácticamente (proceso en el que los adultos hemos tenido muy poco que ver), podemos llamarnos a engaño pensando que al dominarlas técnicamente, son capaces de administrar todas las posibilidades que su uso implica.
Pero no. De hecho pueden estar muy bien capacitados tecnológicamente, pero ser unos analfabetas morales, vulnerables no sólo a los peligros relacionados con abusos sexuales o económicos, sino incapaces de administrar su tiempo, de esforzarse en actividades que impliquen perseverancia, de distinguir en su mente lo real de lo virtual, etc.
En esto, los adultos, jugamos con ventaja: la vida nos ha enseñado que manejar un instrumento no es sinónimo de éxito. Preocupante, incluso, si se considera lo que muestran varios estudios, que arrojan que el uso principal de las nuevas tecnologías es de ocio y relación… ¡mientras los papás están convencidos de que su utilización es principalmente académica!
Sacar el mayor provecho de las nuevas tecnologías, al mismo tiempo que se evitan sus posibles --y reales-- peligros, está fuera del alcance de los chicos. Y allí entran los mayores a hacer su parte, allí se ve la necesidad del trabajo en equipo, pues sólo con visión de conjunto y con una mentalidad de mediano y largo plazo (de la que por definición carecen los adolescentes), se puede andar sin peligro en las calles, plazas y espacios públicos de la Internet.
La mejor aproximación a las nuevas tecnologías es, sin duda, considerarlas no sólo como instrumentos sino como puntos de acceso a una realidad muchísimo más amplia y compleja de lo que nos podemos imaginar. Si los adultos, con toda su experiencia de vida, a duras penas nos percatamos de todas sus posibilidades, pensemos que los chicos necesitan de nuestra participación no sólo para evitar peligros, sino --más importante aún-- para hacer rendir todas sus posibilidades.
*Columnista de El Diario de Hoy.
carlos@mayora.org
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