OTROS EDITORIALES

Ley de Medicamentos y regulación de precios

Por Daniel Olmedo* Martes, 27 de Marzo de 2012

En mi artículo anterior (Economía de mercado: errare humanum est) me referí a la imperfección de los mercados. Hay monopolios y oligopolios naturales y para corregirlos tenemos dos instrumentos: 1) abrir el mercado a la competencia internacional, y 2) la regulación.

La regulación es la vía más controversial, pues implica que el Estado interviene en la economía. La intervención pública más directa y discutible es la regulación de precios.

Es lógico. El precio es el elemento más sensible de la economía. Es el termómetro del mercado que mide la dinámica entre oferta y demanda. Usualmente el mayor o menor precio de un producto indica el nivel de competencia de un mercado.

Regular precios es hacer una cirugía de corazón abierto. Por eso, si bien es un tratamiento válido, se debe aplicar únicamente en casos excepcionales que no admiten otra solución.

Traslademos eso a El Salvador.

Desde hace mucho se señalan distorsiones en el mercado de medicamentos. El debate se intensificó cuando en 2007 la Universidad de El Salvador publicó el estudio "Disponibilidad y precio de medicamentos esenciales en El Salvador durante el segundo semestre de 2006".

Se cuestionaron cada vez más los altos precios de los medicamentos en El Salvador, respecto a otros países de la región. El termómetro indicaba que algo no funcionaba bien.

Ante tal situación recientemente 80 diputados aprobaron la Ley de Medicamentos. Uno de los elementos que se destacan es la regulación de precios.

Para determinar si era oportuno dirigir el bisturí al pecho del mercado de medicamentos es necesario, previamente, evaluar si la distorsión se podía corregir con medidas menos drásticas. ¿Cómo? Examinando si es posible utilizar el primer remedio que se citó al inicio de este artículo: abrir el mercado a la competencia internacional.

Analicemos esa posibilidad. Hagamos de caso que un medicamento fabricado por Pfizer se vende en Guatemala a $10 y aquí a $20. La droguería que importa el medicamento a El Salvador tiene una licencia otorgada por Pfizer, su proveedor. ¿Puede otra droguería (sin licencia de Pfizer) comprar un lote de medicamentos en Guatemala, pagar los aranceles, introducirlos a El Salvador y venderlos a $15? No.

La Ley de Propiedad Intelectual otorga el derecho a la droguería licenciataria de Pfizer a impedir que otro sujeto (sin licencia) importe ese producto para comercializarlo en El Salvador. Eso se denomina: prohibición de importaciones paralelas.

En el ejemplo la droguería que carece de la licencia de Pfizer no es una empresa pirata. Al hacer la compra en Guatemala el lote de medicamentos pasa a ser de su propiedad. Por ello, puede hacer con el producto lo que quiera: consumirlo, tirarlo al mar o hacer un buen negocio y venderlo en El Salvador. Sin embargo esto último no lo puede hacer porque la ley prohíbe las importaciones paralelas.

Pero es falso argüir que la prohibición de la Ley de Propiedad Intelectual pretende atacar a los piratas. Es proteccionismo puro, duro y sin sentido. Construye barreras que impiden la competencia internacional.

La aprobación de la Ley de Medicamentos era el momento oportuno para abrir el mercado. Permitiendo las importaciones paralelas las droguerías que operan en el país se enfrentarían a mayor competencia y esto presionaría a la baja de precios. Sin embargo, en lugar de esto, se decidió usar precipitadamente el último recurso: la regulación de precios.

Para sanar el mercado de medicamentos la apertura a la competencia internacional era un remedio más efectivo y menos drástico. Pero esa es sólo mi opinión. Hay por lo menos 80 personas que opinaron diferente, pero sus argumentos aún no me convencen.

*Especialista en Competencia.

Twitter:@dolmedosanchez

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