Vayan y digan todos que sí, para perpetuar las ocurrencias

El Salvador no puede darse el lujo de seguir atascado en un callejón sin salida. La mayoría de los pobladores espera que se rectifique, se corrijan graves errores, se acabe con la corrupción y los despilfarros

Es tan enorme todo el programa "social" del régimen, una continuación de las previas pensadas de la presidencia de Saca, que vale la pena inmortalizarlo, petrificarlo por ley, forzar a las actuales y futuras generaciones de salvadoreños a rendir pleitesía a lo que ha sido mucho ruido pero muy pocas nueces…

Los programas fueron el resultado de muchas investigaciones, de análisis, de ardua labor de campo. Fue después de meses de labor que llegaron a plantearse la gran interrogante:

¿Por qué hay pobres y hay pobreza?

La contundente respuesta no se hizo esperar: hay pobres porque no tienen dinero ni artículos de consumo.

Por tanto, concluyeron, la pobreza se vence repartiendo dinero, semillas, alimentos, uniformes escolares…

Y en ese afán sigue el régimen, aunque en el cielo haya nubes negras, una de las cuales es que el régimen no les paga a los que elaboran uniformes ni de seguro a los que suministran semillas y bolsas.

Reducen pobres de una parte pero crean pobres por la otra, los pobres negocios y talleres que se enjaranan para comprar telas y cueros para fabricar uniformes y zapatos.

Posiblemente ninguno de los partidos se oponga a la eternización de las tonterías; llegado el momento simplemente ignoran lo que no sólo no resuelve la pobreza, sino también la profundiza. Oponerse es exponerse a que los rojos los tilden de insensibles al sufrimiento de las masas desposeídas.

Que son masas desposeídas nadie lo debe desconocer, pues los más vivos están cayéndole encima a los bienes de la gente vía impuestos o reduciendo, en forma significativa, la calidad de los servicios esenciales para la población.

En los últimos años los índices de pobreza se han incrementado. Del 30 por ciento registrado en 2006, ahora, a junio de 2013, estamos de vuelta en un 40 por ciento.

El Salvador no puede seguir atascado en un lodazal

Igualmente todos los índices económicos muestran un empeoramiento de la situación de El Salvador lo que, a su vez, redunda en menores oportunidades para conseguir empleo, iniciar nuevos negocios, competir con proveedores o fabricantes del exterior, pagar las deudas del país, detener el deterioro de la infraestructura tanto social como institucional.

Si muchas escuelas no han recibido los fondos que les corresponden para finalizar el año lectivo, menos habrá para mejorar instalaciones, reparar techos y adecuar servicios sanitarios.

Y esto aplica a edificios públicos, carreteras, aduanas y vigilancia de fronteras, al igual que proseguir la lucha contra el crimen organizado.

No se moleste nadie en sus cabales, respecto a los programas que el régimen quiere perpetuar. Llegado el momento hay que optar por nuevos rumbos, por un plan de país que contribuya a rescatar la institucionalidad y detenga la caída moral, social, institucional y económica.

El Salvador no puede darse el lujo de seguir atascado en un callejón sin salida. La mayoría de los pobladores espera que se rectifique, se corrijan graves errores, se acabe con la corrupción y los despilfarros, que se deduzcan responsabilidades por los perjuicios causados.

La tarea de reconstruir, de salir del lodazal, es tarea de todas las personas de bien, de los que piensan en sus familias y en su trabajo pero que también saben que para lograr su bienestar es menester ocuparse del bienestar del país y de sus habitantes.

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