Se ocupan de las pajitas y no de las grandes vigas

El Salvador está quedando como las islas caribeñas después de un ciclón: hay daños por doquier, no hay dinero, retrocedimos una generación en nuestro desarrollo

¡Ah, los viejos tiempos! O más bien los tiempos y las mañas de siempre. En medio de un monstruoso despilfarro/saqueo, el Tribunal de Ética Gubernamental se ocupa de la compra de obras de arte, regalos navideños y fiestas de la Asamblea Legislativa, pues los dineros asignados a la entidad, presuntamente, no fueron usados para los fines debidos.

Ver una paja e ignorar las enormes vigas…

No diremos que los reparos a lo actuado por la directiva de la Asamblea no tengan sentido, más por aquello de ponerse a comer frente a los que a duras penas comen, en este caso el colectivo salvadoreño.

Pero ocuparse de esas pequeñeces en comparación con las suntuosidades del Ejecutivo y las opulencias de ciertas figuras de sus aliados parece una maniobra para distraer la atención, una cortina de humo. Lo gastado en los regalos y las obras de arte adquiridas (vamos a aceptar que son obras de arte y no artesanías pomposamente calificadas) es muy poca cosa frente a, digamos, un viaje a otro continente con diez o veinte acompañantes, todos en hoteles de primera.

Sólo calcúlese lo que le cuestan a la gente en este país las caravanas de vehículos y motocicletas a toda sirena, un gran despliegue militar alrededor de la Asamblea, los ocho o diez y seis guardaespaldas para cada funcionario importante y otros para sus familias, las fiestas, comilonas, cocteles y, además, las compras de juguetes de adultos, desde los automóviles deportivos hasta helicópteros para los jovencitos.

Y todavía más que eso, o a un similar nivel de costo, es inflar la burocracia para "darles algo" a los camaradas sin hueso, sin oficio conocido, sin capacidades notorias y sin experiencia de trabajo en el mundo real.

Hay en esto último dos costos: el pago de salarios, prestaciones y prebendas y el costo alto de los errores y torpezas que cometen en el desempeño de sus funciones por causa de la incapacidad o de las ocurrencias que implantan.

Y a esto, con frecuencia, se agrega el precio de los medio aprendizajes, de enseñarles a esos nuevos funcionarios lo básico no sólo del cargo, sino lo básico de administrar, llevar controles, evitar desperdicios.

Una señal de este costo es no poder cumplir con la ejecución de presupuestos y proyectos. Cada año la Asamblea tiene que hacer una revisión de esos incumplimientos, ya que no hay o son pocos los ministerios que al final del año han logrado efectuar lo que por ley les corresponde.

Apenas comenzamos a crecer y otro garrotazo zurdo…

Los efectos de la ineficiencia y la incapacidad, como es natural, además de afectar "al sector público" se propagan como un morbo por todo el cuerpo social. Las sinvergüenzadas, los despilfarros, las consecuencias de la corrupción, el deterioro resultante de la incapacidad son como arenas o abrasivos en una maquinaria, que afectan su funcionamiento y además obligan a dar más mantenimiento, a corregir lo malo.

El actual régimen le va a dejar al país una gran carga de reconstrucción, la ingente tarea de recomponer la pérdida de confianza, la seguridad jurídica, el buen crédito. El Salvador está quedando como las islas caribeñas después de un ciclón: hay daños por doquier, no hay dinero, retrocedimos una generación en nuestro desarrollo.

Apenas comienza el país a subir y otro garrotazo…

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