¿Quién paga los programas de los que se ufana el régimen?

Lo grave es que no queda, del gasto público, obra perdurable, obra que mejore la infraestructura nacional y, por lo mismo, contribuya a levantar la economía. Los grandes programas no pasan de repartir dinero

La presidencia ha lanzado una "avalancha mediática" para destacar los logros de su gestión, desde el reparto del vaso de leche y de uniformes escolares, hasta las grandes cosechas que atribuye a sus políticas agrarias y la dotación de paquetes de semillas.

Pero, ¿cómo se financia tanto la campaña como el asistencialismo emprendido? Dado que el Ejecutivo nada produce, no genera nuevos recursos ni pone dinero de su bolsillo, ¿de dónde es que sale el dinero para pagar todas esas maravillas que se atribuye y además pagar las campañas publicitarias?

Inclusive la campaña insulta a un expresidente por importar y vender semilla, negocio absolutamente válido ya que no se violaron leyes para llevarlo a cabo. La conclusión es explícita: el expresidente cobraba por la semilla; nosotros, en cambio, la donamos a los campesinos.

Pero, ¿con qué dinero el Ejecutivo compra la semilla, la empaqueta, la transporta, la lleva a los sitios de distribución y la entrega? ¿Es que esos dineros crecen en los árboles, caen del firmamento o sale de esos barriles enterrados llenos de billetes que de vez en cuando se encuentran?

Pues no. El dinero proviene de los presupuestos públicos, que se financian con las recaudaciones fiscales y las recaudaciones fiscales son los impuestos que pagan los productores.

En resumen, Juan trabaja muy duro para que el Ejecutivo se vanaglorie de sus obras.

No sólo eso, sino que todos los candidatos andan ofreciendo el oro y el moro, pero lo que ofrecen no lo pagarán con su dinero, sino que con lo recaudado de los contribuyentes, que somos todos a este lado de la raya, la raya que separa a los que trabajan de los que recaudan, reparten y se quedan con la mejor parte…

Cuidar la infraestructura de la Nación es cuidar nuestro sostenimiento

Lo vemos todo el tiempo. El candidato tal se apersona a un poblado pues anda en campaña, y los lugareños le piden la reparación de la escuela y eficiente servicio de agua.

"Señores y compañeros, les prometo que al llegar a presidente me ocuparé, de inmediato, de darles no una sino varias escuelas y además instalar en cada casa servicios sanitarios completos y agua corriente".

Pero, ¿con qué dinero va a cumplir su promesa, ya que no será del dinero de su propio bolsillo?

Pues con el dinero que contribuyen los ciudadanos que trabajan, esos que se levantan muy temprano y se acuestan muy tarde para salir adelante con sus actividades y negocios en estos momentos en que la economía del país está tan mal por los incapaces que manejan la cosa pública.

Es lo que en correcto español se llama "saludar con sombrero ajeno": prometen grandezas usando el dinero de otros y además se dan el taco de insultar a los que generan esos recursos.

A ello se suma otro hecho: las campañas publicitarias, todos esos anuncios que se transmiten glorificando la obra del régimen (obra hecha con dinero de los contribuyentes), también la pagan los productores en primera línea y, en última instancia, los consumidores, que somos todos los ciudadanos.

Lo grave es que no queda, del gasto público, obra perdurable, obra que mejore la infraestructura nacional y, por lo mismo, contribuya a levantar la economía. Los grandes programas no pasan de repartir dinero, de consumo insostenible.

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