CEL y la última adjudicación ¿es otro caso de dedazo?

CEL impone "reserva" sobre un asunto de interés público que además usa dineros públicos, dinero de presupuestos públicos, no dinero propiedad de la directiva de la autónoma

Por "contratación directa" y sin dar a conocer los criterios, mediciones, evaluaciones o información pertinentes, CEL adjudicó, de manera sorpresiva, el nuevo diseño de la represa El Chaparral a la misma firma brasileña que elaboró el primer diseño en 2006 que, en su momento, fue desechado.

Sea la segunda, la tercera o la quinta vez, tarde o temprano se va a llegar a un buen diseño para que la represa no se resquebraje. ¿Serán siempre brasileños los escogidos, o es un caso más de dedazo, de escoger a dedo?

A los salvadoreños les encanta el fútbol y la samba, por lo que en casi todas las grandes contrataciones empresas de Brasil son las escogidas, como con los buses y aunque sus precios sean más altos que los del resto de oferentes.

No se puede ni objetar ni respaldar esa contratación directa pues se ha impuesto "reserva". Y si bien la "reserva" aplica para contrataciones absolutamente ajustadas a lo conveniente al país, la "reserva" también puede servir para tapar lo impropio, lo torpe, lo indeseable.

La mejor forma de encubrir lo que se hace y evadir críticas es "reservar toda información" referente a estudios, análisis, evaluaciones, pagos, costos, políticas y criterios para hacer esto o adjudicar aquello.

CEL impone "reserva" sobre un asunto de interés público que además usa dineros públicos, dinero de presupuestos públicos, no dinero propiedad de la directiva de la autonóma. No hay razón por la cual una decisión tomada, en teoría, por criterios técnicos y financieros, no se exponga con claridad a la gente de un país que paga los impuestos para sostener a CEL y sufragar sus inversiones.

Tampoco hay razones para asumir que los directivos de CEL están dotados de una especial y superior sabiduría que otros ciudadanos que puedan analizar los contratos y calificarlos. Tampoco se trata de un asunto que toque la seguridad nacional o que ponga en riesgo las operaciones de CEL.

Más bien lo que ha venido aconteciendo con CEL y sus desarrollos de energía apuntan a lo contrario: que se carece del adecuado profesionalismo, que lo atañero a la entidad y al suministro nacional de energía se ha mal administrado por no decir algo más duro, que pierden litigios por no tener sostén ni moral ni legal para sus exigencias, que todo apunta a extrañas manipulaciones, reflejadas en los altos costos de electricidad que sufre El Salvador.

Mayor desprestigio para las licitaciones salvadoreñas

Hay hechos que apuntan a que las últimas directivas no consiguen dar pie con bola: pierden litigios, se abandonan obras, entran en conflicto con sus socios estratégicos, no hay un crecimiento en la generación de electricidad que cubra la demanda futura, crece la dependencia de los combustibles no renovables y privatizan parte de las operaciones para escapar de las fiscalizaciones públicas.

Hay dos indicadores para medir una gestión pública de los servicios básicos: los precios, que definen la eficiencia de la gestión, y las inversiones que son la prosperidad o la pobreza del mañana.

En ambos casos CEL sale muy mal calificada, al extremo de que Honduras y Nicaragua, que siempre iban a la zaga, están invirtiendo mucho más en desarrollar fuentes nuevas de energía que El Salvador.

El dedazo desprestigia todavía más de lo que están las licitaciones públicas salvadoreñas.