Está de moda aquí inventar nuevas justicias

Mientras unos jueces mandan a la cárcel por seis años al que apaleó pero no lesionó a la mujer, otros sólo le dan una regañadita al policía que cogió a patadas al irrespetuoso de la caravana real

Inventar nuevas justicias está de moda en El Salvador, meneo que entretiene tanto al poder Ejecutivo como al Judicial y al Legislativo. No hay día sin una sorpresa, venga esta de los señores diputados, de los señores miembros de la Sala de lo Constitucional, de los señores jueces o de los señores de CAPRES. Lo que valía ayer no necesariamente vale hoy y la sanción que se aplica a Pedro no siempre le cae a Juan.

Lo último es haber mandado a su casa a un secuestrador, lo que, de acuerdo con la Fiscalía, puede aplicarse a otros trescientos reos a quienes no se les ha leído la condena. No porque escasee dentro del sistema de justicia gente que pueda leer, sino porque las lecturas se tienen que hacer con toda solemnidad; mientras eso no suceda, el señor secuestrador, un secuestrador mercantilista, no uno que lucha por el pueblo, puede gozar de las comodidades de su dulce hogar.

Unos doce policías se turnaban para cuidar al plagiario; si el criterio del juez de marras se aplica a los otros trescientos reos a quienes no les han leído ni su carta de derechos ni su condena, se necesitarán dos mil cuatrocientos policías para cuidarlos, más de los que operan en el oriente del país. Menos mal que a raíz de la denuncia, el delincuente fue remitido a Mariona.

Esta proliferación de justicias se debe, en gran parte, al hecho de que para unos, las leyes salvadoreñas son perfectas como las enseñanzas de un libro sagrado que Dios dictó, mientras que para otros, sobre la ley escrita debe privar el espíritu de la justicia, la sensatez y las realidades del triste momento por el que pasamos.

Además hay trescientas y tantas salas de lo constitucional: la que todos conocen y las formadas por cada juez al interpretar la Constitución a su aire.

De esa riqueza de justicias es que mientras unos jueces mandan a la cárcel por seis años al que apaleó pero no lesionó a la mujer, otros sólo le dan una regañadita al policía que cogió a patadas al irrespetuoso de la caravana real.

Hay casos en que liberan al indiciado aunque en su casa le encontraron pertenencias y ropa con sangre de sus víctimas, pero inician largos procesos por "delitos contra el honor", el honor de crápulas. Y en un país en el que descuartizan a jovencitas y nadie va a la cárcel por ello, hay todo un revuelo por la vida de un feto sin cerebro, condición muy extendida en nuestra tierra.

Un país que rechaza la jurisprudencia y la moral de siempre

Imaginemos lo que pasaría si, además de El Salvador, un gran número de países, o todos los países, inventaran sus propias justicias y lo que vale en uno no tuviera valor en el resto.

Imaginemos además un mundo sin instancias supranacionales, sin cortes regionales o mundiales, sin arbitrajes que obliguen a las partes, sin principios jurídicos aceptados por la mayoría.

El escenario tiene nombre: el caos. Sucedió cuando Atila invadió Europa y después de independizarse África de los colonizadores, para luego hundirse en el tribalismo y los genocidios. Sucedió en Cuba a la llegada del castrismo.

Pero tomar los propios senderos , sólo cumplir con lo que conviene y rechazar lo que no gusta, tiene sus graves costos, los que paga la población entera en penurias, forzada a vivir en las cavernas sometida a la ley de la selva.

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