Todos pagamos los asuetos remunerados

No hay persona o negocio de alguna cuantía que no sea revisado por auditores e inspectores fiscales, excepción hecha de los corruptos, aunque sus ingresos sean de quince o veinte millones de dólares al año

Martes, 4 de Junio de 2013

Que nadie se extrañe de que en los próximos doce meses, lo que resta del actual régimen, se incrementen las ocurrencias, desatinos y grandes pensadas tanto del Ejecutivo, como del partido oficial y otros poderes.

Hay dos recientes: la primera, es lo del asueto remunerado en el Día del Padre, en un país donde abandonar hijos, un hijo o una docena, es casi lo normal, como normal es que se fijen cuotas por alimentación al padre pero que este no las cumpla y no haya sanción. En otros países, para no afectar la economía, los días destinados a festejar al padre o a la madre se hacen coincidir con el primer, segundo o tercer domingo del mes correspondiente. La segunda pensada, indemnizar a un empleado que de manera voluntaria se retira, lo que implica que la decisión libre de uno impone obligaciones a otro, lo que es un contrasentido.

Pero en ambos casos, la generosidad estatal y diputadil tiene una perniciosa consecuencia para la economía, cual es la de elevar por decreto los costos de producción de los productores. Y esos costos de producción, en forma inexorable, los pagan los consumidores en una u otra forma. Y consumidores somos todos, desde antes de nacer hasta un tiempo después de abandonar este valle de lágrimas.

Eso de "costos de producción" es un misterio para los que nunca han trabajado en el mundo real, lo que es el caso de casi todo el aparato de gobierno. Es seguro que piensan que para producir camisas o servicios financieros o lo que sea, de alguna parte, posiblemente del imperio capitalista, llueven subsidios, así como Alba recibe bonancibles capitales de Venezuela.

O también qué parte de los costos de producción se pagan con los "privilegios" que, según ellos, obtienen los productores...

Los mercados

toman venganza

El primer testigo de que los salarios son parte esencial de los costos de producción, tanto salarios y prestaciones como ese asueto remunerado, es la Hacienda Pública, que espulga hasta el último centavo que recibe o que gasta un productor. No hay persona o negocio de alguna cuantía que no sea revisado de manera exhaustiva por auditores e inspectores fiscales, excepción hecha, por lógica, de los corruptos aunque sus ingresos sean de quince o veinte millones de dólares por año.

Forzosamente los costos, incluyendo lo del asueto remunerado, tienen que pasarse vía precios a los consumidores de productos y servicios. Cuando compramos una libra de frijoles o un automóvil usado, pagamos por los costos de fabricar o poseer ese bien, por los salarios de contables y bodegueros, por el costo de almacenaje, etcétera.

Por lógica, si un negocio no logra pasar a sus clientelas los costos en que incurre para servirla, sin remedio va a la quiebra, nadie lo salva.

No entender esas elementales realidades, como en apariencia es el caso del Ejecutivo y de los que formulan y aprueban leyes, es el causante del saqueo que castiga a los productores y de las ocurrencias como lo del asueto remunerado y la indemnización obligatoria. Piensan que el mayor bien que puede hacerse a un país es tener, "a real menos cuartillo", a la gente que genera empleo y produce desde alimentos hasta conciertos musicales. Pero hay una venganza de los mercados, de la economía, y esa venganza es que la gente deja de invertir, las empresas dejan de crecer y los precios tienden a elevarse.

Hundir un país es fácil, como sucede hoy. Pero rescatarlo y reconstruirlo es tarea en extremo difícil, lo que se avecina.

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