OTROS EDITORIALES

No más regalar petróleo… No más regalar casitas…

Sentados los venezolanos sobre un mar de petróleo, los apagones y la carestía de electricidad han alcanzado dimensiones asombrosas. Un país riquísimo pero en bancarrota

Lunes, 20 de Mayo de 2013

Acausa de la creciente crisis económica causada por el clientelismo de Chávez –--regalar, distribuir, estatizar, perseguir y amenazar, pero no producir ni bien administrar— el régimen de Maduro anunció que dejará de regalar petróleo a los países de Petrocaribe, además de que va a cobrar por las casas que ostensiblemente fueron donadas a "el pueblo".

Con ello irán rápidamente terminándose los almuerzos gratis que el chavismo dispensaba…

Maduro anunció "…a sus socios de Petrocaribe que la ayuda energética que le suministraban es "inviable a mediano y largo plazo". Venezuela financia la factura petrolera al 1 % de interés a 25 años….". Adivine el adivinador, ¿a quién le tocará pagar la fiesta del petróleo "gratis" con que los fraternos partidos aliados con el chavismo se enriquecieron estos años, que fue usado para pagar campañas propagandísticas y electorales, además de pagar la compra de casas y quintas para sus jefes?

Pues, queridos salvadoreños, nicaragüenses y todos los naturales de los países beneficiados, los que pagarán son ustedes, sus hijos y sus nietos. Los jóvenes que con tanta dificultad consiguen empleo y apenas pueden terminar sus estudios, son los que se quedarán pagando parte de esa deuda con Venezuela, duren lo que duren Maduro y su gente.

Alegría de hoy para algunos y tristezas mañana para todos.

Respecto a las viviendas, se dijo que "…se acabaron las viviendas gratis. De ahora en adelante el gobierno cobrará a los 381,000 beneficiarios de las viviendas que se han otorgado gratuitamente en los últimos 14 años de gestión de Hugo Chávez.

"Levantaremos un censo y comenzaremos a cobrar a los beneficiarios. Que cada quien pague su vivienda, nadie está pagando ni medio (ni un céntimo). El pago dará músculo para construir las viviendas y la gente sentirá que no se le está regalando, sino que se lo está ganando".

En esto estamos de acuerdo con Maduro: cuando a alguien no le cuesta lo que tiene, pierde su dignidad y en cierta manera su derecho a esa posesión, haciendo las salvedades del caso para familias y personas que carecen de toda posibilidad de sostenerse por sí mismas. Ni el corrupto merece los patrimonios que amasa ni el que, pudiendo trabajar, vive de lo que le envían sus parientes en el exterior, parientes a quienes cada centavo de esas remesas les cuesta en trabajo y sacrificios.

Si hay personas con impedimentos físicos, mancos y ciegos que ganan con su esfuerzo su pan, no se justifica que un individuo sano esté pidiendo o viviendo de caridades o donativos.

Un país sentado sobre riquezas pero en virtual bancarrota

La crisis venezolana era predecible y además inevitable. Repartir es muy distinto de producir y bien administrar; Chávez repartía a manos llenas lo que nunca contribuyó a crear, lo que era fruto de una condición natural y además resultado de previos esfuerzos, de la inteligencia, capacidad, previsión y sacrificios de quienes le precedieron y levantaron la colosal industria del petróleo. Pero Dios castiga a los soberbios.

Actualmente en Venezuela se sufre una grave crisis de ingreso, de suministro de servicios básicos, de abastecimiento de alimentos, de energía, de inversión y fuera del capital golondrina, es decir, el que no hace arraigo. Sentados los venezolanos sobre un mar de petróleo, los apagones y la carestía de electricidad han alcanzado dimensiones asombrosas. Un país riquísimo pero en bancarrota.

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