Los sindicatos, sus líderes y el atol que dan con el dedo

La exlíder del sindicato de maestros mexicanos, arrestada cuando bajó de su jet privado, se levantó con más de quinientos millones de dólares, además de poseer suntuosas residencias

Medio millón de euros, equivalentes a setecientos mil dólares, cargó a la tarjeta del sindicato que dirige, el líder de la Unión General de Trabajadores de Andalucía, un tal Pastrana, que además vive en una casa también comprada por el sindicato y viaja con inusitado esplendor, lo que incluye facturas de cenas por más de mil dólares.

Los excesos de dirigentes sindicales españoles –-uno de ellos tiene a su nombre diez y seis propiedades y cuentas bancarias por más de diez millones de dólares— les está llevando a ser procesados, como también está sucediendo en otros países de la Unión Europea.

Allá es escándalo, pero en nuestra América se trataría de pequeñas raterías, de robos de muy poca monta. Y las cifras comparativas son aplastantes: la exlíder del sindicato de maestros mexicanos, arrestada cuando bajó de su jet privado, se levantó con más de quinientos millones de dólares, además de poseer suntuosas residencias en San Diego y otros lugares.

El problema son "las bases" de estos movimientos, constituidas en forma abrumadora por minuspensantes a los que se les da atol con el dedo. No en vano la Eva Perón, cuyo retrato se exhibe en las oficinas de la Kirchner, justificaba su pasmoso derroche en joyas, pieles y "modelitos" de los más famosos modistos, diciendo que sus "descamisados" (los minuspensantes) querían que su campeona no quedara atrás de nadie en elegancia y lujo.

Y así, en toda Hispanoamérica con excepción de Costa Rica, que tiene encarcelados a dos expresidentes por embolsarse un millón de dólares cada uno, lo que a sus vecinos debe darles gran risa.

Pastrana no hizo otra cosa que lo usual entre pájaros de ese plumaje, lo cual es que sus gastos personales, opíparas cenas y viajes se cargan en una tarjeta de crédito, la que a su vez se paga con fondos ministeriales.

No hay límite a las suntuosidades de los políticos

Un amigo de un país de cuyo nombre no recuerdo, nos asegura que cuando entra en restaurantes de lujo y ve una mesa con doce o quince comensales, de inmediato se entera de dos cosas: la primera, que es un alto funcionario y miembros de su familia; la segunda, que todo se carga a "la tarjeta", la cual paga el ministerio lo que, a su vez, pagan todos los contribuyentes.

Los viajes al exterior son todavía más onerosos, pues no sólo hay que pagar suites en hoteles de lujo con esa tarjeta pública que pagan los ciudadanos vía impuestos, sino también las limosinas, los guardaespaldas, suntuosos desayunos, opíparos almuerzos y elegantísimas cenas, a lo que deben sumarse las consabidas compras de corbatas y otros recuerditos para la cherada, además de bolsos de marca.

El tal Pastrana se vio forzado a renunciar por el escándalo provocado por la investigación del periódico ABC, de Madrid.

Con la crisis y los cambios de gobierno, en España y Europa están saliendo a luz malversaciones, saqueos al erario público, dispensas de fondos, regalías, compras a precios exorbitantes, contratos sin sentido, etcétera. Un implicado es yerno del Rey, un jugador de balonmano, que usaba su nombre y sus supuestos entronques para mover dineros y conseguir contratos en los que él se recetaba una generosa tajada. Pero la Casa Real lo ha desconocido y no mueve un dedo para salvarlo de procesos y la eventual y merecida cárcel.

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