Hay países sin polarización; Cuba y Norcorea son ejemplos

La sociedad abierta, la que se rige por la ley y los principios morales y tutela la libertad individual, choca de frente con lo regimentado, el fanatismo, la imposición sin alternativa.

La buena notica que quisiéramos escuchar y que de acuerdo con un grupo de jóvenes entrevistados "es una realidad", es que la Guerra Fría es un horror del pasado. Y como la Guerra Fría finalizó, pues no tiene sentido ni fundamento la polarización política que, según ellos, se sufre en El Salvador.

Los jóvenes tienen una poca de razón. Hay países en los cuales se ha alcanzado ese ideal de terminar con las polarizaciones políticas, como Corea del Norte, Cuba, Irán, Arabia Saudita, Egipto con la Fraternidad Musulmana. Y ya que están los jóvenes dialogando con miembros de "el frente", suavecito pueden ellos deslizarse a esa clase de sociedad no polarizada.

La Guerra Fría, que no tuvo nada de fría, formalmente finalizó al desplomarse el Muro de Berlín. Pero, por desgracia, quedan las bestias negras de esos años, como la dinastía de Corea del Norte, Irán, Cuba, Bielorrusia, los regímenes fundamentalistas del Medio Oriente, las dictaduras de África, como Zimbabwe, las redes del terror. AlQaeda y el Polisario del Sahara están asolando Malí, hacen la guerra en varias naciones, secuestran y perpetran atentados en Argelia y Túnez.

El régimen de Corea del Norte sigue bajo una dinastía, la fundada por Kim Il Sung a finales de la Segunda Guerra Mundial, mientras los Castro están en el poder desde 1959. En ese lapso, cincuenta y tres años, hubo diez presidentes en Estados Unidos, trece en El Salvador sin contar a los miembros de los grupos golpistas, siete papas, trece equipos campeones mundiales de fútbol, el hombre llegó a la Luna, se inventó la computadora personal y la Internet… pero allí se mantienen los hermanos Castro, que dictan órdenes y políticas a sus partidos vasallos de la región.

Nada de partidos polarizados en Cuba.

Ni la libertad ni el Orden Moral están sujetos a votaciones

Superar los antagonismos entre el totalitarismo y la democracia es un viejo sueño, el de la "tercera vía", los "no alineados", fomentar el "diálogo". Los jóvenes, que no pasaron por esa etapa de la historia del Siglo XX, creen haber descubierto nuevos senderos, una fresca posibilidad. Lo que se proponen con alegría equivale a:

--ir a medio camino entre lo racional y lo irracional;

--conciliar la libertad con el despotismo;

--hacer un balance entre lo que surge de manera espontánea en las sociedades libres y las reglas de hierro del totalitarismo;

--mezclar democracia con dictadura.

La sociedad abierta, la que se rige por la ley y los principios morales y tutela la libertad individual, choca de frente con lo regimentado, el fanatismo, la imposición sin alternativa.

Los contrastes llevan a la polarización, pues ningún hombre de bien va a renunciar a pensar por su cuenta, a ser libre y no esclavo, a buscar por sí mismo su felicidad y su destino. Y esos hombres libres no van a renunciar a parte de su libertad para encontrar dictaduras a medio camino.

Las democracias no polarizan, pues vivir en democracia es tolerar las ideas y las propuestas de otros, como es también defender esas libertades y trazar un límite a lo que otros pueden o quieren imponer.

No polarizan pero se fijan los límites y los principios que no se pueden transgredir, que están por encima de la voluntad de los votantes y por encima de las veleidades generacionales.