OTROS EDITORIALES

Siempre es gente inocente la víctima de actos terroristas

Los terroristas, sean de las FARC, talibanes o grupos de liberación, escogen a sus blancos para causar el mayor número de víctimas, indistintamente de si son niños, mujeres o miembros de otra secta religiosa

Domingo, 28 de Abril de 2013

Tres inocentes muertos y gran número de heridos y corporalmente destrozados evidencia el rostro real del terrorismo: sus víctimas son personas que no tienen relación alguna con el atentado fuera de estar allí, de haber tomado ese fatídico vuelo, encontrarse a la salida de la mezquita, ser parte de la audiencia en el teatro, estar en cola para votar cuando los ametrallaron.

Los terroristas, sean de las FARC, talibanes o grupos de liberación, escogen a sus blancos para causar el mayor número de víctimas, indistintamente de si son niños, mujeres o miembros de otra secta religiosa. Tampoco les importa el daño que causen a las estructuras de un país pobre, como cuando volaron nuestros dos majestuosos puentes sobre el río Lempa, o "se carguen" la industria turística de Egipto quitándoles el sustento a decenas de miles de personas.

Es claro que el atacante, el individuo que se hace volar en pedazos en medio de un gentío, el que ametralla los rebaños de vacas, el que colocó los explosivos frente a la embajada de Israel, en Buenos Aires, no es el que maquina los atentados, sino el peón, el enloquecido, al que reclutan movimientos como AlQaeda, al que amarran al coche bomba bajo amenaza de matar a su familia si no cumple con la orden.

En el horrible atentado en Boston, una de las víctimas es el hermano adolescente del que fraguó el hecho, cuya vida queda arruinada por lo que nunca pudo haber medido en sus alcances.

Ambos, a la vez, son piezas que mueven los fundamentalistas islámicos de Chechenia que, desde el tiempo de los zares y antes de estos, son la lacra de la vasta región en medio de Rusia. Chechenos radicales han perpetrado atentados en Moscú, alentado guerras y ataques contra tropas rusas, masacrado a niños, destruido infraestructura, afectado el desarrollo económico de su propio país y los de sus vecinos.

Sin regímenes patrocinadores no habría terrorismo

Hay terrorismo individual, de grupos radicales, de bandas armadas. Antes de la Primera Guerra Mundial, anarquistas perpetraban los atentados actuando por su cuenta, como el asesinato de la emperatriz austrohúngara Sissi o la del heredero a esa corona, Francisco Fernando, en Sarajevo, hecho que fue el chispazo que encendió esa espantosa conflagración.

En la actualidad el cuadro es mucho más sombrío y amenazante, pues desde la instauración de la Unión Soviética y la Alemania nacionalsocialista, nazi, el terrorismo se transformó en "política de Estado": Irán, Siria, Libia con Gadafi, Corea del Norte, Cuba y otros patrocinan, sostienen, alientan, defienden, entrenan y despliegan terroristas y hasta ejércitos en todos los continentes.

En unos casos, como el de Norcorea, propagar y colaborar con terroristas es un arma contra sus propios ciudadanos pues justifica la represión interna llevada a extremos alucinantes. En otros, se desestabilizan regiones enteras, como lo alentó Cuba en los Ochenta con los movimientos en Centro-América; a esto se suman los estados teocráticos donde religión y política dictan la vida de cada persona.

Los chechenos, como gobierno, no tuvieron nexos con los dinamiteros de Boston, pero la crispación religiosa --la madre de ellos va cubierta de la cabeza en pleno Siglo XXI, en Massachusetts-- está detrás del odio contra la civilización, del odio contra la libertad, de considerar que actos sin sentido son el gran plan para imponer sobre el mundo fanatismos de las cavernas.

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