Endeudados hasta la coronilla van por más préstamos

Continuar prestando dinero es agravar la situación futura del país, cargar a la actual y, sobre todo, a las venideras generaciones de salvadoreños, con compromisos que sólo se podrán cumplir a base de muchas penurias y de un deterioro en la calidad de vida

Como si no estuviera endeudado el país hasta la coronilla, una comitiva presidencial, innecesariamente grande y costosa, fue a gestionar más préstamos ante el BID y el Banco Mundial, enarbolando, como siempre, objetivos altisonantes pero que luego, al final del día, no llegan a nada de importancia.

Se presta dinero que el régimen actual no tendrá tiempo ni menos la organización para usarlo, pero que con gran probabilidad terminará succionado por uno de los muchos agujeros negros fiscales que salpican el quehacer estatal.

El régimen es insaciable en esto de los préstamos, como lo evidencia la declaración de que "se revisará el estado de la cooperación del país y ver la factibilidad de adquirir más préstamos". Si les ofrecen un nuevo crédito de cien millones, no vacilarán en suscribirlo, como suscribirían uno de mil millones o de veinte mil millones, ya que no le tocará al actual régimen pagar ni un centavo por los plazos de gracia que se les conceden.

¿Quién, entonces, tendrá que pagar todo ese dinero que las generosas entidades internacionales están derramando sobre nuestra aporreada economía?

Pues seremos todos los salvadoreños que no participamos en la mamandurria oficial y que ganamos el sustento diario con esfuerzo, fatigas, sacrificios, buenas ideas y laboriosidad.

Hay que verse en otros espejos, en la ruina por la que están pasando países como Grecia, Portugal y Chipre. En este último, los depositantes de los bancos corren el riesgo de que una cuarta parte de su dinero se pierda, a lo que se agrega que fabricantes externos han detenido el envío de medicinas y materias primas por lo incierto de que les paguen.

Estos gastan a raudales lo que a ti te tocará pagar

Pero hay una interrogante de gran importancia en esto: dado el historial de incompetencia en el manejo de recursos públicos, de los despilfarros que son el signo del régimen, la nula obra realizada, la abismal distancia entre lo que se promete y lo que se lleva a cabo: ¿Cómo es posible que entidades financieras internacionales continúen aprobando préstamos a un régimen fracasado?

Puesto en otra forma: ¿Qué banco privado prestaría dinero a una empresa cuyas ventas van en picada, que descuida la calidad de sus productos y servicios, que pierde presencia en el mercado y cuyos directores y gerentes no están cualificados para administrarla?

¿Imagina usted, estimado lector, lo que la junta directiva de un banco diría si un grupo de funcionarios de la entidad otorgara créditos a un negocio que se maneja mal y que no cumple con los objetivos que se propone?

Cuando se solicita un préstamo es de rigor presentar los estados financieros y los cuadros que comprueban la capacidad de pago del mismo, su futuro potencial.

Esos cuadros, en el caso de nuestro país, no pueden ser más desalentadores: último puesto en crecimiento en el Hemisferio, nula inversión nueva, huecos fiscales, deterioro de la infraestructura, programas sin sentido, tráfico de influencias...

En tales circunstancias, continuar prestando dinero es agravar la situación futura del país, cargar a la actual y sobre todo a las venideras generaciones de salvadoreños, con compromisos que sólo podrán cumplirse a base de muchas penurias y de un deterioro en la calidad de vida.

Prestan hoy para gastar sin responsabilidad, dejando a la población el problema de responder mañana por esos onerosos compromisos.

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