Quieren defender "su obra". ¿Pero cuál es esa obra?

El endeudamiento que heredó el anterior y el presente régimen, se debió a lo requerido para reconstruir alcaldías quemadas y los enormes daños causados a los sistemas de transmisión eléctrica

Lunes, 18 de Marzo de 2013

Defender los "programas sociales" introducidos durante el actual régimen es un contrasentido, aferrarse a errores que nuestro país ha pagado en calamidad económica, creciente desempleo, desplome de los indicadores de entidades internacionales y la caída de la inversión.

Es asombroso que el actual régimen pretenda formar una entidad que "defienda" lo que piensa son programas de beneficio social, pero que no pasan de ser repartos de presupuestos que no tienen ningún valor permanente.

En un momento en que la mayoría de naciones en Hispanoamérica está logrando crecimientos superiores al cuatro o cinco por ciento, o sobre un ocho por ciento en el caso de Panamá, hemos pasado de un liderazgo productivo en Centro-América, a ir a la cola de todos; sólo estirando cifras e ignorando lo que cualquiera mira "con sus propios ojos", es que puede decirse que no estamos situados en territorio negativo.

Repartir dinero, zapatos a escolares, bolsas de semillas (que de acuerdo con Camagro en nada han aumentado los rendimientos agrícolas), incrementar la burocracia y endeudarnos como país, no es una política económica, sino carencia de ella, dar palos de ciego, echar mano de ocurrencias a falta de ideas constructivas.

La permanencia o la no permanencia en el tiempo es lo que separa aquello que beneficia realmente, de lo que son gestos vacíos, pues usados los zapatos, sembrada la semilla, gastado el dinero del cheque, nada queda, no hay obra positiva perdurable.

En tal sentido hemos caído, como país, en un chavismo a la criolla que deja graves problemas. No se ha incrementado la capacidad de producción de nada, no se ha mejorado, aunque sí se ha deteriorado por falta de mantenimiento y buen uso, la infraestructura y las carreteras están mal, no hay una mayor eficiencia en la prestación de servicios públicos.

Lo único de permanente que se está dejando es el endeudamiento, la crisis económica, la delincuencia desenfrenada.

Unos pocos se benefician, pero la gente está peor que antes

Las consecuencias de las grandes pensadas y de la voracidad en el gasto de los presupuestos públicos va a cargar sobre la vida nacional por largo tiempo. Reconstruir una sociedad puede ser más difícil que levantarla, como sucedió con los estragos causados por el ataque guerrillero: fue hasta hace unos cinco años que logró El Salvador recuperar los niveles de ingreso que tuvo a finales de la Década de los Sesenta. El endeudamiento que heredó el anterior y el presente régimen, se debió a lo requerido para reconstruir alcaldías quemadas y los enormes daños causados a los sistemas de transmisión eléctrica.

Los perjuicios más profundos, sin embargo, no son los materiales, sino los institucionales: el daño al Orden de Derecho, los odios entre sectores, la criminalidad sin control, la desconfianza, el desaliento. Gente que nunca inició una industria o una actividad productiva, ahora se permite cerrar empresas echando mano de interpretaciones subjetivas de leyes sin sentido que ellos mismos han decretado.

Cada quien califica la fiesta de acuerdo a como le fue en ella. "El cambio", sin duda, ha traído enormes beneficios a la familia real, a la clase política en el poder, a los arrimados, a los que reciben prebendas o que son nombrados en jefaturas y empleos sin tener merecimientos para ello ni capacidad para desempeñarlos.

El país, empero, no resistiría cinco años más de lo mismo.

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