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No baja el dios del Olimpo a rescatar atolondrados

Los controles de precios a las medicinas dañan enormemente la inversión en investigar y desarrollar lo nuevo; es lo que no entienden los que nunca se desempeñaron en empleos del mundo real.

Domingo, 17 de Marzo de 2013

Grecia está quedando sin medicinas vitales para combatir enfermedades que pueden matar o lisiar a quienes las padecen, pues más y más fabricantes rehúsan exportar a ese país porque no les pagan. Y al igual que con las medicinas, hay crecientes problemas para adquirir maquinaria, materias primas, tecnología, combustibles... Un país que cae en bancarrota corre igual suerte que las familias que han perdido empleo y además están endeudadas hasta la nariz.

La primera lección es que los países deben cuidar celosamente sus sistemas de producción y muy especialmente lo que contribuye de manera directa a lo que da de comer, viste, mueve, genera empleo, alberga, cura y cohesiona una sociedad.

La quiebra está forzando a vender o concesionar bienes culturales importantísimos, a ceder islas a extranjeros, a apretarse el cincho, a invocar a los dioses del Olimpo para que bajen a tierra y resuelvan los problemas.

Grecia tiene además sus irreductibles, que montan marchas, bloquean calles, insultan y paralizan industrias para forzar la mano del gobierno... O estás quebrado o estás quebrado. Los italianos echaron en elecciones a uno de los economistas más inteligentes de Europa, a Mario Monti, para poner sus esperanzas en dos payasos, Beppe Grillo y don Silvio.

En el teatro clásico griego, el de Esquilo, Sófocles y Eurípides, cuando la trama se había complicado más allá de la redención humana, se hacía bajar de las tramoyas, suspendido en cuerdas, a un dios que llegaba a arreglarlo todo: el deus ex machina, la aparición milagrosa que bajaba a arreglar lo que los hombres habían desarreglado.

Desafortunadamente, o hasta el momento, la solución milagrosa no se ha presentado pese a los desórdenes en las calles de Atenas. Por tanto, queda la resignación de pasar de ser del Segundo y Medio Mundo al Tercero. Hay cupo, pues nosotros los salvadoreños dejamos el espacio al bajar al Quinto por obra de los actuales iluminados de "el cambio".

Seguridad alimentaria, pero además muchas otras

Con el paso de los días y mientras más se deja "para mañana" entrarle al problema con los recursos que se tengan a mano, más difícil es salir del barranco, más amargas son las medicinas que se deben tragar. Lo más triste es que el garrotazo le cae a la gente más indefensa, a los enfermos cuyo único recurso son los hospitales y clínicas publicas, las que precisamente están desabastecidas a causa de la bancarrota del Estado.

Como precisamente sucede en nuestro país con los pobres en precariedad que no interesan políticamente a los traficantes de promesas e ilusiones, el equivalente de las "masas" que la guerrilla utilizaba como escudos humanos forzándolos a asentarse alrededor de sus campamentos.

Los medicamentos de avanzada, las nuevas drogas que se descubren y hacen la diferencia en el combate de muchas enfermedades, son el fruto de grandes inversiones en investigación y ensayos; esos costos, por lógica, se pagan por los consumidores, a menos que baje el dios de las tramoyas y extienda el cheque. En tal sentido, los controles de precios a las medicinas dañan enormemente la inversión en investigar y desarrollar lo nuevo; es lo que no entienden los que nunca se desempeñaron en empleos del mundo real.

Aquí se habla con frecuencia de la "seguridad alimentaria" ignorando que hay otras muchas "seguridades" que deben igualmente protegerse.

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