No piensa como yo pienso, hay que ponerle un bozal

Ahora se usan fondos públicos, dineros que no son de la propiedad de ningún funcionario, para castigar a los que señalan o critican y premiar a los que bailan al son que les tocan

El candidato rojo dijo que debería ponerse un bozal al presidente de ANEP, frase que muestra qué pueden esperar los salvadoreños de salir electo.

Pero en una medida bozales, regaños, autocensura, amenazas y represalias se vienen aplicando desde que inició el actual régimen pese a que, en los previos veinte años, el mandatario ejerció de criticador sin que nadie cuestionara su derecho a hacerlo. Inclusive cuando algunos anunciantes retiraron sus pautas publicitarias del canal donde perifoneaba puso el grito en el cielo, denunciando lo que para él era un atropello a la libertad de expresión.

Pero, cosas veredes, pues ahora se usan fondos públicos, dineros que no son de la propiedad de ningún funcionario, para castigar a los que señalan o critican y premiar a los que bailan al son que les tocan o simplemente callan.

Sin embargo, hablar, exponer, denunciar o aplaudir no sólo es un factor esencial de la vida en democracia, sino también un derecho humano fundamental, lo que permite a un individuo dejar de ser masa o lumpen, para transformarse en un ser pensante, en una persona.

Y la comunicación, el debate o simplemente hablar por hablar, es lo que nos permite integrarnos en un organismo vivo, que cambia, atesora lo que es permanente, crece; los bozales, volviendo a la figura rural, es propio del domesticado; se entienden en perros y animales salvajes, pero no en conjuntos de hombres libres.

Hay que hablar --con el acompañamiento de razonar, criticar o respaldar-- para subir gradas, evolucionar, progresar. Que es, precisamente, lo que rehúyen aquellos que se creen en posesión de la verdad, que piensan que nadie puede enseñarles algo nuevo; lo que asombra de los rojos es su petrificación, su momificación: al leer los manifiestos y diatribas de los primeros años del comunismo ruso, antes de la Unión Soviética, o lo que pregonaban después de la Segunda Guerra Mundial los seguidores de Togliatti, o las publicaciones revolucionarias de Farabundo al inicio de los Treinta, la conclusión es la clásica: nunca aprenden, nunca cambian.

El que define el dogma es quien pega el balazo en la nuca

Es obvio que el candidato no acaba de entender la función de una asociación gremial.

Las organizaciones que se forman y operan en las sociedades libres, las no "embozaladas", por sus propios esquemas constitutivos y por estar forzadas a progresar para mantenerse en el tiempo, definen su curso debatiendo las opciones que se van presentando. Hay que ceñirse a principios pero no obedecer dogmas; en las guerrillas, los fanatismos y las mafias, el dogma se impone y, por lo general, lo impone quien mete el balazo en la nuca.

Por eso mismo no sólo no hay debates reales en movimientos cerrados, sino además los meneos y las discusiones consisten en aplicar el dogma como en ese momento se piensa que es. De allí lo del bozal; el candidato rojo divide al género humano entre los iluminados dueños de la verdad absoluta. Ellos, y los pobres seres que hablan por hablar y por lo mismo hay que amordazarlos.

Y si no es posible amordazarlos, vale difamarlos, insultarlos, descalificarlos y tomar venganza cancelando pautas publicitarias.

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