Bajo el inclemente sol, limpian los parabrisas…

Si en algo sobresalen las actuales dirigencias es en descalificar, insultar, sembrar miedo, perseguir y, por las señales que hay, también en difamar con grupos mantenidos con presupuestos oficiales

"…Los automovilistas que conducen por las calles de la capital se ven sometidos a diario al acoso de personas que limpian los parabrisas de los vehículos a pesar de la oposición a recibir el servicio", se informa en EL DIARIO DE HOY.

En muchas ciudades, limpiar parabrisas, pedir dinero, hacer de escupefuego, jugar con pelotas como los juglares, es prohibido y, en ciertos casos, penado. En Miami en algunas esquinas la policía ha colocado rótulos que dicen "window washing, thirty days in jail".

Pero muchos jóvenes de buena fe hacen esos trabajos porque, debido a la calamidad en que se encuentra el país, por "el cambio", y la ensarta de ocurrencias que son las "políticas económicas" del actual régimen, cada vez hay menos posibilidades de emplearse, de trabajar, de ganarse la vida en forma honesta.

Hace pocos años, un joven que pedía dinero en las paradas y también limpiaba parabrisas, sacó un anuncio en este Diario dando las gracias a la gente que durante años le ayudó ya que por ese apoyo pudo sacar una profesión universitaria. En un país donde no es frecuente que se den las gracias por una invitación o un favor recibido, el mensaje de ese esforzado joven fue aleccionador y muy hermoso.

Por lo general hay dos caras en cada tema: la calle es, en esta tierra de Dios y después de la guerra de doce años, una jungla llena de peligros. Para sobrevivir, jóvenes y viejos, vendedores y buhoneros, mendigos y limpiaparabrisas tienen que adaptarse a esas durísimas condiciones, a lo que se suma el permanente acoso del crimen organizado en pandillas y el narcomenudeo.

En las calles de nuestras ciudades ya no sólo se asalta, se golpea y se agrede, sino también matan y matan para llenar las cuotas infernales que se imponen en los noviciados del crimen.

Limpiar parabrisas, como los robos menores y asaltos, es una de la variantes del trabajo informal, de las ocupaciones en las cuales buscan refugio personas que, por carecer de instrucción, por abandono o por calamidad económica como la que atraviesa El Salvador, es la única opción "más o menos decente".

Hay muchos olvidados por la sensiblería de los zurdos

En la calle, es obvio, no hay instalaciones formales, servicios sanitarios que funcionen, agua potable, cafeterías, gerencias de personal. Tampoco, a Dios gracias porque eso agravaría más la situación, se paga "seguro social", salario mínimo, vacaciones y retiro, aunque sea el retiro que, en gran parte, roban los funcionarios justificándose en "necesidades del Estado".

Hay "más calle" y más trabajo informal, incluyendo labores que siempre rondan al borde de lo lícito, porque no hay suficiente empleo formal. Y no hay suficiente empleo formal (ni lo habrá mientras el actual régimen o similares se ocupen más de sus suntuosidades y de colocar a los ineptos que forman sus séquitos) si no se detiene el hostigamiento a la producción y a las inversiones.

Si en algo sobresalen las actuales dirigencias es en descalificar, insultar, sembrar miedo, perseguir y, por las señales que hay, también en difamar con grupos mantenidos con presupuestos oficiales.

El vendedor, el limpiaparabrisas, el buhonero de aceras y esquinas no califican para las "sensiblerías sociales", para que los uniformen o que les regalen bolsas de semillas. Son los olvidados de la zurdería.