OTROS EDITORIALES

Ni regalada quieren una fábrica en quiebra

En Corea del Sur, uno de los grandes milagros económicos de la historia, se dice que rige una simple ley laboral: si no trabajas, no comes; nada de subsidios ni pagos por desempleo

Jueves, 21 de Febrero de 2013

Al preguntar el gobierno francés a un ejecutivo estadounidense si su empresa compraría una fábrica de llantas que recién ha cerrado, su respuesta fue clara, directa y corta:

"¿Cuán estúpidos creen que somos?".

Obviamente ese fue el inicio de las hostilidades, acusándose unos a otros de intransigencia, imperialismo económico, dumping de llantas importadas, presiones sindicales sin sentido, etcétera. Pero la fábrica sigue cerrada, más de mil cien operarios quedarán cesantes y el gobierno dice que vigilará para que las llantas que vengan del exterior cumplan con todas las regulaciones.

El estadounidense, conocido por "no tener pelos en la lengua", dijo que el problema de los trabajadores sindicalizados en Francia es que sólo laboran tres horas, toman una hora adicional para comer y luego platican entre sí otras tres horas, ajustándose al horario laboral de treinta y cinco horas por semana.

A ello se suman las políticas impositivas del presidente Hollande, que ha provocado la salida de muchos franceses de altos ingresos que buscan climas menos hostiles al capital.

Pero el problema no sólo es de Francia, sino también de una gran parte de Europa donde acuerdos sindicales y la presión de partidos políticos, han elevado los costos de producción, lo que vuelve a esos países menos competitivos de lo que eran.

Por el contrario, la India y los "Tigres de Asia" están creciendo a tasas mucho más altas que las del llamado Primer Mundo debido, en gran parte, a normas laborales flexibles.

En Corea del Sur, uno de los grandes milagros económicos de la historia, se dice que rige una simple ley laboral: si no trabajas, no comes; nada de subsidios ni pagos por desempleo.

Los débiles, las mujeres y los jóvenes

sufren los efectos

En medio de las crisis, iguales a las que ahora enfrentan países como Grecia y España, lo procedente no es endurecer las regulaciones laborales ni subir los costos de los productores, sino flexibilizar, cortar costos, bajar impuestos. Mientras menores sean las cargas, mayores las posibilidades de reactivar la economía de un país.

En tal sentido, la ocurrencia del Ejecutivo de subir el salario mínimo sólo agrava los problemas económicos y el desempleo. Como todo está yendo mal, se echa mano de un gesto populista, "subiremos salarios", sin reflexionar en las consecuencias negativas que eso acarrea.

Un salario mínimo tiene dos facetas: la primera, la que ven los políticos, es que al trabajador se le paga "por lo menos" una cuantía acorde con los costos de vida. Hasta allí todo suena bien.

Pero la otra faceta es que si un empleado no tiene la capacidad para producir lo suficiente y a un costo adecuado para pagar su salario, las prestaciones que recibe, el valor de los equipos, las instalaciones que usa y, además, dejar beneficios al negocio para que este continúe en funcionamiento, no tendrá ese empleo.

Si se eleva el precio de los tomates cuando hay sobreabundancia de ellos, habrá menos venta. Si suben los salarios al haber muchas personas sin empleo, habrá menos oportunidad de darles trabajo.

La ocurrencia del Ejecutivo, usual en los regímenes populistas, de elevar salarios simplemente por elevarlos, no sólo genera conflictos entre los distintos grupos económicos, sino también empeora la ya débil situación nacional. Y, en eso de salarios, los que más sufren son los jóvenes sin experiencia, las mujeres y los que padecen limitaciones físicas.

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