Muy abuela es la pobre pero la van a fusilar

Para operar, los cárteles de la droga corrompen las instituciones a su paso, compran a jueces, policías, comunicadores, funcionarios. Y al que no se somete lo amenazan o lo matan

Una abuela británica ha sido condenada a muerte en Indonesia por introducir a la isla de Bali, dos millones de dólares de cocaína, delito que es castigado en un número de países del Asia con la pena capital.

La explicación que da la pobre mujer es usual: desconocidos la obligaron a llevar la cocaína, amenazándola con matar a sus hijos si no lo hacía. O un buen señor en el aeropuerto le pidió que llevara un paquetito…

Tráfico de drogas es tráfico de drogas, desde las "mulas" que acarrean cápsulas en el estómago hasta los vuelos "no identificados" que salen de Venezuela a diversos destinos, incluyendo al África subsahariana. A esto se agregan camiones de transporte --algunos de los cuales son custodiados por las policías de cada lugar de frontera a frontera--, lanchas de alta velocidad, minisubmarinos, rutas por despoblados… establecer esos pasos y custodiarlos, es el objetivo de las mafias que, en Centro América y México, operan desde Colombia y Venezuela a donde, a su vez, llega droga de Bolivia y las selvas andinas.

Los funcionarios británicos están espantados e invocan convenciones y estatutos que prohíben la pena de muerte. Pero pena de muerte se sigue aplicando en China, en Cuba, en Rusia, en Norteamérica y en los países islámicos donde lapidan a mujeres por adulterio.

Y matar es lo usual de bandas terroristas, desde Hezbollah hasta los movimientos revolucionarios en todo el mundo.

Siempre hay aspectos divergentes en la mayor parte de sucesos. Puede parecer, a los muy civilizados súbditos de su majestad británica, que fusilar a una pobre abuela es abominable. Sin duda conmueve.

Pero, por otra parte, el daño horrible que la droga causa a los adictos, como a los que sin desearlo se meten a consumirla, es el equivalente a aplicar muchísimas penas de muerte y muchísimas desgracias.

La cadena de los espantos

a lo largo de América

Es rara la persona que directa o indirectamente no haya sufrido al ver que amigos, jóvenes conocidos, vecinos, trabajadores, estudiantes, adultos y el más variado conjunto de seres humanos son destrozados por la droga. Algunos pocos logran sobreponerse pero pasan el resto de sus vidas bajo la amenaza de recaer; otros sucumben: se dice que la vida promedio de un drogadicto es de cinco años después de caer en el vicio.

Al horror individual se suman los males "periféricos" de la drogadicción: el desquiciamiento que provoca en las familias, los asaltos, robos y crímenes cometidos por los adictos para poder sostener el vicio, las enfermedades, los costos públicos que se ocasionan, el mal ejemplo a niños y jóvenes.

Para operar, los cárteles de la droga corrompen las instituciones a su paso, compran a jueces, policías, comunicadores, funcionarios. Y al que no se somete lo amenazan o lo matan. Las carnicerías que se perpetran al disputarse las rutas o mercados son de horror, como a diario se informa.

Hay claras complicidades, desde la de Evo suéter, que venera la coca como sagrada, hasta Correa, que suprime la base de monitoreo en Manta desde donde se rastreaban los vuelos "no identificados" pero claramente reconocidos. Los dos regímenes, el boliviano y el ecuatoriano, son parte de la cadena de estados populistas de tendencias siniestras.

En cuanto a la abuela… en apelaciones y juicios pasarán años hasta que una madrugada le venden los ojos y enfrente su destino.

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