No se termina nunca de luchar contra las plagas agropecuarias

La caficultura no es sólo "café" sino además una importantísima fuente de empleo en el país y, al mismo tiempo, un cultivo que ha contribuido a preservar zonas verdes

Sorprende lo declarado por el Jefe del Ejecutivo de que Procafé, una entidad especializada, clave de apoyo para la caficultura, fue manejada por gente de ARENA y "corrupta", sin aportar prueba alguna pese a que las actuaciones de su directiva estaban bajo el escrutinio del sector.

La Roya, como todas las plagas que afectan cultivos, tiene años de causar perjuicios, pero abandonar la lucha contra ella sería ruinoso para el país, como si se dejara de atender a los enfermos de VIH o cesaran las actividades de las cuarentenas agropecuarias. Por ser la memoria pública tan corta se olvida de que en una época se dijo que la guerrilla se encargó de propagar la roya para debilitar la economía nacional, de la misma forma en que volaban torres de transmisión o daban fuego a las unidades de transporte.

Las plagas, como toda enfermedad y los seres vivos, tienen mutaciones con el paso de los meses, lo que obliga a renovar, de manera permanente, las estrategias de combate. Y esa es la función que toca, entre otras, a Procafé. La entidad está mucho más preparada para ejercer esa función que los entes oficialistas, que han caído en manos de personas sin experiencia ni capacidad.

Es natural que Procafé tenga y haya tenido vínculos con los movimientos nacionalistas, pero eso tiene una clara causa: la devastación que sufrió la agricultura en general y el sector cafetalero, en particular, por las políticas del primer régimen de izquierda del país, el de los duartistas, que robó y saqueó las fincas, acabó con las marcas de exportación y arruinó las estructuras agroindustriales que habían ido tomando forma durante más de un siglo, para caer en los Ochenta, en manos de especuladores que casi siempre erraban en sus proyecciones de demanda y precios.

La caficultura preserva

los pocos bosques del país

El presidente Funes haría bien en recorrer las fincas de café del "sector reformado" para constatar, "con sus propios ojos", el lamentable estado en que se encuentran hoy en día, después de haber sido los sostenes de una floreciente agroindustria. Es para evitar que la caficultura se siga hundiendo que debe continuar el apoyo del gobierno a Procafé.

La caficultura pasó de ser el principal sostén de la economía a lo que es ahora, como sucedió con la industria azucarera, en Cuba, después de que la isla cayó en poder del comunismo. El desplome en El Salvador no ha sido tan estrepitoso gracias a los esfuerzos de muchos caficultores que han podido desarrollar variedades ecológicas que tienen gran demanda en el exterior.

La caficultura no es sólo "café" sino además una importantísima fuente de empleo en el país y, al mismo tiempo, un cultivo que ha contribuido a preservar zonas verdes. La diferencia se puede apreciar a ojo, entre los cafetales verdes que protegen laderas y colinas, y lo que sucede a la tierra cuando en ella se cultiva maíz, una de las principales causas de erosión en El Salvador. Es la diferencia entre grandes extensiones de árbolitos y verdor, y los potreros y peladas laderas del Oriente del país y de muchas zonas rurales.

Tirar piedras a tejados ajenos no es una sana política pública, más por aquello de ver la paja en ojo ajeno e ignorar la viga en los ojos estatales. Muy malos asesoramientos…

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