Han fracasado en todo pero implantarán el buen vivir

Lo esencial para ser feliz es ser libre, poder disponer de vida propia, disfrutar los frutos del trabajo, cuidar a su familia, cambiar de lugar para vivir, emigrar a otras partes o echar raíces donde se nació

¡Regocijaos todos! bajo el liderazgo del partido comunista y de su candidato, estamos en el umbral del "buen vivir", un orden de perfecta armonía, igualitaria distribución de los frutos del desarrollo y permanentes consultas ciudadanas, en el que se promoverá "un sistema económico moderno, justo y solidario, que genere trabajo estable y digno".

Más o menos como ha sucedido con la fábrica de empleos que prometió el actual régimen durante su campaña, con el agregado de lo "dignos" y "estables".

No hay que desalentarse por las ejecutorias de estos parteros del desastre que, en un año, quebraron la Lotería Nacional de exBeneficencia, que tienen un gran puerto construido y listo en el abandono y que fracasaron con sus pininos de fabricantes y redentores en la ciudadela Segundo Montes donde hubo amplios financiamientos de cooperantes (e ilusos) externos.

No, esta vez será distinto. A lo mejor lo logran aunque lleven a cuestas una cadena de calamidades y pese a que ya nos han colocado en último lugar en inversiones en todo el Hemisferio y tercero en violencia.

No hay que ser escépticos aunque hasta hoy ningún pueblo sobre la Tierra se ha vuelto feliz por decreto. Lo único que se requiere es que los hasta ahora incapaces asuman la plena responsabilidad y ya veremos cómo las cosas cambian de raíz: lloverán inversionistas para crear centros de producción, abundarán medicinas en los hospitales, se erradicará la violencia, los negocios que ahora están emproblemados van a resucitar bajo la égida de la "intelligentsia" del partido (no, no es una contradicción en términos).

En esta Tierra, como en la Tierra Prometida de Moisés, correrán ríos de leche y miel, reverdecerán los campos y lo mejor es que todos seremos absolutamente iguales.

¿Se puede "bien vivir"

bajo capataces y fanáticos?

¿Ser feliz como resultado de programas burocráticos?

Lo primero que se viene a la mente es que si bien es una utopía dar forma a una sociedad feliz, como lo planteó Santo Tomás Moro antes de que su rey le mandara a cortar la cabeza, la mayoría de salvadoreños sabemos lo que pesa sobre nuestros ánimos, las causas de nuestras angustias, lo que nos amenaza y victimiza.

En lugar de querer montar una utopía, la de hombres felices por obra de enaltecidos líderes, es mejor poner todo el empeño en ir erradicando lo que aflige a la gente: la violencia desenfrenada, las extorsiones, los pésimos servicios de Salud, el deterioro de nuestras calles, el creciente desempleo, el tráfico de drogas, las mafias del juego, el desinterés de los jóvenes por educarse, la flagrante corrupción.

Agréguese a esta letanía el endeudamiento que no deja obra y que tocará pagar de sus salarios a los salvadoreños de esta y venideras generaciones.

La felicidad, al igual que la alegría, es un logro individual que, a su vez, se vuelve alcanzable cuando las personas no están bajo amenaza o sufren de angustia respecto al mañana.

Lo esencial para ser feliz es ser libre, poder disponer de vida propia, disfrutar los frutos del trabajo, cuidar a su familia, cambiar de lugar para vivir, emigrar a otras partes o echar raíces donde se nació. No hay pueblos felices bajo capataces o verdugos, no hay felicidad dentro de los campos de concentración, no hay alegría cuando otros nos ordenan sin habérselos pedido.

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