La terquedad de un dictador está destruyendo a Siria

Este caso, como lo fueron los de Hitler, Stalin y los sátrapas comunistas, o los de Castro y Chávez hoy en día, comprueban la permanente amenaza sobre los pueblos de las dictaduras mesiánicas.

Damasco, una de las dos ciudades más antiguas del mundo, rango que se disputa con Jericó, en Palestina ---Jericó cuyas murallas colapsaron cuando Josué hizo sonar sus trompetas---, está siendo sitiada por las fuerzas opositoras del dictador sirio Assad, en un espantoso conflicto que ha causado decenas de miles de muertos y la destrucción de pueblos y comunidades enteras.

En Siria se desarrolla un nuevo capítulo de las revueltas del Medio Oriente, que ha derribado cuatro dictaduras (Túnez, Egipto, Libia y Bahrain), con el agravante de haber fortalecido a los movimientos islámicos fundamentalistas, sectas que se proponen predominar sobre todos los pueblos de la Tierra, tomar posesión de Europa y "recuperar" Al Andalus.

Esa bella Andalucía, se debe recordar, viene siendo disputada y ocupada, entre otros, por íberos, cartagineses, romanos, vándalos (y de allí "Vanda-lucía"), moros y cristianos. La diferencia es que Al Andalus destacó por su tolerancia, su extraordinaria cultura, por haber rescatado y preservado mucho del pensamiento y la literatura de griegos y romanos, por ser cuna de extraordinarias figuras históricas como Averroes y Maimonides.

Pero en la Siria de hoy se ha entronizado un régimen que sostiene movimientos terroristas, pretende controlar Líbano, agrede a Israel y en un momento intentó fabricar armas nucleares. Dice mucho de la situación imperante, que el sur de Líbano, de mayoría cristiana, con frecuencia se ha aliado con Israel para detener las depredaciones del grupo terrorista Hezbollah, aliado de Siria y de Irán.

Prohibieron los grandes temas del amor y la figura en el arte

La joya de Damasco ---que Dios proteja en esta catástrofe--- es la mezquita de los Omeyas, un califato esplendoroso que, en cierta forma, quiso aliviar al Islam de las cargas del fanatismo y ciega intolerancia en que muchas de sus sectas se encuentran ancladas al día de hoy. En la mezquita se preservan mosaicos de gran belleza con temas naturalistas, palmeras y, si la memoria no nos falla, figuras de animales.

En algún nefasto momento de los primeros tiempos del Islam se prohibió la representación de figuras naturales, lo que acabó con los temas esenciales del arte pictórico y figurativo, pero además, impuso cadenas sobre toda producción artística, literaria y filosófica. Aunque la cultura islámica ha dado grandes creaciones artísticas en arquitectura y decoración, e inclusive como en el caso de las miniaturas persas, demuestra gran maestría en representar escenas de la vida del imperio, nunca han alcanzado las extraordinarias creaciones del arte occidental. Nunca se dio, entre los islámicos, artistas de la talla de Rafael, Monet o Picasso.

Ello explica la importancia de la mezquita Omeya en Damasco y el hecho de que el monumento de mayor magnitud y esplendor en Turquía sea la Hagia Sofía, de Estambul, pese a que sus mosaicos fueron casi totalmente destruidos.

Y nada logra superar, en Líbano, los restos de los templos romanos de Baalbek ---Baal es una deidad babilónica--- erigidos por el emperador Adriano, que nació, precisamente, cerca de la actual Sevilla.

La demencia de un hombre, Assad, y del grupo de poder que encabeza, pueden precipitar a Siria en un descalabro económico y social irreversible en mucho tiempo. Este caso, como lo fueron los de Hitler, Stalin y los sátrapas comunistas, o los de Castro y Chávez hoy en día, comprueban la permanente amenaza sobre los pueblos de las dictaduras mesiánicas.