OTROS EDITORIALES

Como el caballo de Atila: donde pasan no crece la hierba

El poder económico en que están pensando no es tanto caerle encima a empresas que son demasiado complejas para manejar, cuanto a las casas y los bienes de "la burguesía"

Miércoles, 21 de Noviembre de 2012

Que les faltaba "el poder mediático y el poder económico", dijo una exaltada comunista en Los Ángeles, lo que les resta para, se implica, tener el control del país. Pero son dos poderes que nunca tendrán los rojos así como se definen en una democracia: los medios que en conjunto son "el poder mediático" y que primordialmente son el contrapoder, dejan de existir en las dictaduras, para transformarse en máquinas de propaganda y de indoctrinación.

Queda lo del "poder económico" que, en las elucubraciones de Marx, consiste en la toma por los trabajadores de "los medios de producción". Los trabajadores bajo el liderazgo del Partido Comunista, eso es.

Pero como decía Atila de su caballo, "donde puso los cascos no crece más la hierba", los trabajadores y las "vanguardias" pueden ocupar una fábrica, pero a partir de ese momento esta comienza a derrumbarse hasta desaparecer. Esos medios de producción se esfumaron en la Unión Soviética y en Cuba: comercios, agroindustrias, transportes, fabricantes y todo lo que abastecía de bienes de consumo y servicios a la población murió rápidamente.

Como, con sus variantes, está sucediendo en El Salvador con las empresas públicas. Los más elocuentes ejemplos son el Puerto de La Unión y la Lotería Nacional de exBeneficencia. A ello se suma el creciente colapso del sistema de Salud, ejemplificado en los enormes promontorios de ropa sucia en el hospital Zacamil.

Aquí, como en Cuba, se pide a los pacientes llegar con su propia ropa de cama, pero a diferencia de Cuba, aquí la gente todavía tiene sábanas; allá no.

Le han puesto el ojo a tu casa y a tus enseres

¿Qué es lo que resta y en qué estarán pensando las vanguardias populares sobre el poder económico sabiendo que nada pueden administrar?

Lo que queda, como lo descubrió el doctor Shivago de la novela de Pasternak al volver donde nació, es que los rojos se tomaron su casa, la llenaron de desconocidos y apenas les dejaron una habitación para él, su esposa y su padre.

El poder económico en que están pensando no es tanto caerle encima a empresas que son demasiado complejas para manejar, cuanto a las casas y los bienes de "la burguesía". Lo que con sacrificios y trabajo has logrado --una casa, un automóvil, enseres domésticos-- ya tiene futuro dueño, como sucedió con las plazas de empleados públicos que de la noche a la mañana fueron despedidos para colocar a miembros del partido. Y es lo que está ocurriendo en ciertas zonas de San Salvador, donde grupos de fuerza obligan a la gente a desalojar sus viviendas para instalarse en ellas. Los que se oponen tienen garantizado un paso a mejor vida…

La propaganda marxista hace énfasis en el igualitarismo, en que todos somos iguales aunque obviamente dentro de las estructuras partidarias y, al decir del escritor británico George Orwell, "unos son más iguales que otros"; nadie puede aspirar a ser tan igual como los preeminentes jerarcas de la nueva clase política.

Si todos somos iguales, ¿por qué unos van a vivir en una mejor casa que otros? ¿No es una tarea esencial del partido asegurar que todos sean iguales, vivan iguales y, por tanto, la propiedad (es decir, tu casa y tus enseres) se reparta igualitariamente? ¿Dónde queda la propiedad en función social?

Respondan a la pregunta nuestros lectores…

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