Hamburguesas y casas de playa: bienes innecesarios según Marx

Si a ojo se establece que quienes comen hamburguesas siguen siendo desplumables, a ojo también va a fijarse la tercera, cuarta y sucesivas olas de nuevos impuestos.

Hay mucho en común entre lo dicho por el presidente del Banco Central sobre lo exprimible que sigue siendo una clase media que gasta dinero en restaurantes de comida rápida, con el proyecto de poner impuestos a los "ranchos" de playa, segundas viviendas y terrenos "por tratarse de bienes no productivos".

Llueve sobre mojado al imponer cargas fiscales sobre ingresos que ya pagaron renta, pagan IVA sobre lo que consumen y además han sido amenazados de cobrarles por las transacciones que hagan en los bancos.

Pero, nos dice un conocido, tesis que no creemos, "alguien tiene que cubrir el costo de las quince mil canastas navideñas y las bonificaciones especiales a los miembros del actual Gobierno y del partido que han hecho una buena labor". Sin estímulos, no cabe la menor duda, la mayor parte de la gente no rinde eficientemente.

Eso de andar atento al gasto superfluo, a señales de que se bota el dinero sin justificación, tiene su pedigrí.

Hace años, un ministro de Hacienda anotaba en una libreta las placas de automóviles de alto precio que veía en la calle, para investigar quiénes eran los dueños y así imponerles "complementarias". Ahora el problema es que la mayor parte de esos trasatlánticos urbanos son propiedad de la nueva clase política, así que la fórmula ya no es válida. En cuanto a los carros de carrera que se miran, de esos Ferraris que se fabrican apenas unos cientos por año, menos todavía son de particulares.

Lo del "gasto superfluo", como la comida rápida que mencionó el presidente del Central, es un concepto que está en la médula del marxismo: "a cada quien según sus necesidades, de cada quien según sus habilidades…".

"A cada quien" es porque en las sociedades socialistas es el Estado el que dispensa bienes y servicios, no la persona quien los compra con su trabajo. Aquí, Pedro tiene mejores cosas que Juan porque trabaja más y es responsable; en Cuba --y antes en la Unión Soviética-- todos ganan lo mismo puesto que a todos se les da lo que los jerarcas disponen que "necesita". Igualitarismo en las penurias.

Por consiguiente, si alguien anda gastando en lo superfluo, como hemos descubierto que son las hamburguesas, es porque consume más de lo que necesita y, por tanto, está robando algo que no es suyo sino de la sociedad, de "el pueblo". Y por lo mismo es exprimible, se le puede seguir sacando dinero. Hay que dejarlos como bagazos.

Ser o no ser desplumable es cuestión de criterio

El problema es que se cae en la doble y triple tributación sobre un mismo ingreso, sea alto, mediano o bajo. Hay que pagar renta sobre lo que se gana e ingresa por otros rubros; hay que pagar IVA, ya sea directa o indirectamente como lo hace el dueño del restaurante de comida rápida, y además hay que volver a pagar sobre los "ranchos" de playa, con el agravante de que son los agentes fiscales los que a ojo van a determinar el valor de esos inmuebles y de allí sacar el monto del impuesto.

Si a ojo se establece (lo que es parte de la doctrina del socialismo científico) que quienes comen hamburguesas siguen siendo desplumables, a ojo también va a fijarse la tercera, cuarta y sucesivas olas de nuevos impuestos.