Chávez y la profanación del legado de Bolívar

Profanar sepulcros, violentar realidades y sucesos históricos, son actos repugnantes y condenables. Hugo Chávez lo viene haciendo con la figura del Libertador Simón Bolívar

Esta semana desconocidos ultrajaron la tumba del expolítico y brillante estratega militar israelí, Moshe Dayan, el vencedor de la Guerra de los Seis Días contra Egipto, quien luego contribuyó a forjar un entendimiento con ese país.

Profanar sepulcros, violentar realidades y sucesos históricos, son actos repugnantes y condenables. Hugo Chávez lo viene haciendo con la figura del Libertador Simón Bolívar.

Es raro, dice un analista venezolano, el señor Daniel Romero Pernalete, que haya discurso, arenga o palabrerío de Chávez "que no esté aderezado con alguna descontextualizada frase del Libertador. El Presidente, ya por ignorancia, ya por conveniencia, omite al otro Bolívar: el Bolívar civilista, el estadista, el simple ciudadano que él siempre se sintió. Y cuando uno se acerca a ese Bolívar se da cuenta de cuán lejos está de las motivaciones y ejecutorias de un proceso que pretende arroparse con su nombre…"

Debe recordarse, agrega, "aquella parte de su Discurso en el Convento de Franciscanos, el 2 de enero de 1814, en la cual afirmaba: "Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos". Ese mismo pensamiento lo expresa catorce años más tarde, el 27 de agosto de 1828, cuando se dirige a los ciudadanos de la Gran Colombia en los siguientes términos: "¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!".

"Cuando uno revisa", prosigue Romero Pernalete, "la invasión de militares, activos y retirados, en todos los niveles de gobierno, o escucha el discurso militarista y guerrerista del Presidente, se le viene a la memoria una lapidaria frase que Bolívar le escribió a Madariaga el 26 de noviembre de 1816: "El sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno". Esta idea permanece constante en El Libertador, quien trece años más tarde, el 13 de septiembre de 1829, le escribe a O'Leary: "Es insoportable el espíritu militar en el mando civil…"

Lucharon para liberar pueblos,

no para someterlos

Chávez, como los Castro, la Kirchner, Ortega, Correa y otros figurones de menor cuantía en el Hemisferio, pretende petrificarse en el poder el tiempo que pueda, lo que dada su enfermedad, en caso de que sea real y no simulada, será un corto epílogo a uno de los más execrables episodios del drama hispanoamericano, tan lleno de tragedias, horrores, calamidades y unos pocos éxitos.

La dictadura y, más todavía, el absolutismo, fue lo que inspiró el batallar de los libertadores del Continente, desde el Padre Delgado, Simeón Cañas y Morazán, hasta Bolívar, Sucre y San Martín. Todos ellos se inspiraron en la Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, al mismo tiempo que rechazaban el despotismo de Fernando VII, de España, un cruel dictador rodeado de fanáticos.

De ello dan testimonio discursos, cartas, escritos y hechos, al igual que la hermandad que se forjó entre esos héroes americanos y los pensadores y emancipadores europeos.

Y a pesar de que cualquiera pudo haberse perpetuado en vida, o hasta coronado, nadie lo hizo: la pasión republicana que les inspiraba, sus convicciones morales, su honestidad y su respeto por sí mismos y por los hombres que ofrendaron sus vidas en ese intenso batallar, marcó rumbo y dejó para los americanos el sólido cimiento para asentar las nacientes patrias, lo que ahora se está pervirtiendo.

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