Fue Dios quien dispuso que no existiera la igualdad

Los burócratas están siempre dispuestos a ser los grandes "igualadores", desvalijando a unos para repartir entre "los pobres" pero cobrando una muy generosa comisión

Lunes, 8 de Octubre de 2012

Hispanoamérica, aseguran estudios de entidades internacionales, es la región con la mayor desigualdad social, siendo Brasil uno de los países con las mayores diferencias y El Salvador de los más "igualitarios".

Las desigualdades son lo que, a Dios gracias, prevalecen en la naturaleza. No hay dos copos de nieve iguales, dos hojas en un bosque, dos modelos en una pasarela. Cada persona de los billones que han vivido desde que dejamos de ser "monos", es un espécimen único; ni Dios ni Samuel Colt, el inventor del revólver y como se decía en las películas de vaqueros, crearon a los hombres iguales, pues hay flacos y gordos como también vaqueros con mejor o peor puntería.

A lo que se refieren los estudios no es a esa absoluta desigualdad, sino al que unos tengan más ingresos que otros, lo que no se atribuye de inmediato a las capacidades de trabajo, a la inventiva o a la buena suerte, sino a misteriosos conjuros, a "injusticias" o a privilegios.

En lo de "privilegios" hay una onza de verdad, pues muchos se separan del resto en riqueza no tanto por sus méritos, cuanto por haber tenido la dicha de quedar "donde abunda". Como ejemplo hablaremos de un exjefe policial de México, "El Negro" Durazo que, a su paso por la jefatura, se embolsó quinientos millones de dólares, de los buenos dólares. Durazo supera hasta a los centroamericanos de manos pegajosas.

La gran pensada de los organismos internacionales no es contribuir a que la gente en general sea más productiva y, por tanto, que sus ingresos sean mayores, sino sacarle dinero a los eficientes para repartirlo. Como si por haber gente más alta que el resto, hay que ingeniárselas para cortarles un pedazo y así igualarlos.

Los burócratas están siempre dispuestos a ser los grandes "igualadores", desvalijando a unos para repartir entre "los pobres" pero cobrando una muy generosa comisión por sus servicios.

Hay que diferenciar entre la riqueza lícita y la mal habida

Lo de la igualación no tiene mayor sentido al examinar el asunto, siempre que se trate de diferencias de ingresos o de patrimonio provenientes de actividades legítimas realizadas en cumplimiento de la ley y ceñidas a la ética, no de lo delincuencial o inmoral. Es enorme e insalvable la distancia del fabricante que opera a la vista de todos, con las fortunas provenientes de la corrupción o del crimen organizado.

Una familia o un grupo pueden tener una inmensa fortuna, pero es muy poco lo que disfrutan de esos bienes cuando se trata de organizaciones productivas como fábricas o agroindustrias, que al mismo tiempo de estar nominalmente en provecho de sus dueños también benefician a todos los que participan en las cadenas de producción de las que forman parte, desde los trabajadores y ejecutivos que emplea, hasta las personas y grupos a los que suministran o venden sus servicios o que les abastecen.

Dessault es el hombre más rico de Francia, pero ello beneficia a centenares de miles de personas que trabajan en el grupo de empresas de las que es el principal accionista, consorcios líderes en tecnología y servicios. De quién nominalmente es el capital no es lo relevante, sino cómo ese capital se traduce en provecho de una sociedad. La desigualdad en este caso es creativa, generadora de más riqueza y positivo impacto social.

EL DIARIO DE HOY NO SE HACE RESPONSABLE POR LOS COMENTARIOS DE SUS COLABORADORES