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He aquí un nuevo trabajador: no come ni duerme ni cobra

Una vieja leyenda asegura que el infierno es infierno porque allí no hay trabajo, como lo están comprobando tantos salvadoreños en estos momentos de calamidad

Jueves, 27 de Septiembre de 2012

"Baxter" es un nuevo competidor en el mercado laboral que no duerme, trabaja las veinticuatro horas, obedece sin réplica y, dentro de sus modestas habilidades, se acopla muy bien al ambiente de oficinas y fábricas.

"Baxter" es un robot que está a punto de salir a la venta con un precio de veinte y dos mil dólares, más bajo de lo que cuestan otros con mucho menor capacidad operativa. Se informa que el robot puede ejecutar tareas tales como cargar cajas o vehículos, manejar máquinas simples, ensamblar, clasificar objetos por su naturaleza, empacar y desempacar. Lo más importante es que ""Baxter"" puede interactuar con seres humanos, recibir instrucciones y reprogramarse.

Lo de recibir y cumplir instrucciones es, de por sí, un avance sobre la inhabilidad que muchos tienen para lo mismo.

Eventualmente la humanidad puede llegar al punto en que todo lo que fatiga en demasía, es rutinario, encierra peligros, asquea o aburre, se puede hacer con robots. En cuanto a eliminar todo trabajo, es el equivalente a dejar de pensar y dejar de vivir; una vieja leyenda asegura que el infierno es infierno porque allí no hay trabajo, como lo están comprobando tantos salvadoreños en estos momentos de calamidad.

Robots, es claro, los hay desde los albores de la Edad Industrial, máquinas que se han ido refinando, adaptando a distintos cometidos y que, con la electrónica y ahora la cibernética, han ido cobrando más y más habilidades. En muchos casos, los robots son la respuesta de los mercados a los costos laborales y, en particular, a las demandas sindicales que, en el Este de los Estados Unidos, llegaron a excesos y, con ello, a destruir empresas e industrias enteras.

¿No creen que es tiempo de despertar a la realidad?

Los robots son una forma de reducir costos de producción lo que, a su vez, redunda en mayor eficiencia y capacidad para competir. Empacar a mano puede ser más barato que hacerlo con una empacadora, pero si el salario que gana el obrero por ese trabajo equivale a lo que costaría un robot, se puede llegar al punto en que se deja uno y se instala el otro.

A esto hay que agregar un hecho importante: la tecnología facilita o abarata el trabajo pero no necesariamente se traduce en una reducción de empleo. Nuestra propia experiencia, en EL DIARIO DE HOY, es que la tecnología (en este particular caso se trata de robots que son tarjetas con millones de transistores) permitió mejor producción y más productos editoriales, lo que se ha traducido en un mayor número de periodistas y de muchas otras personas especializadas.

Los robots están entre los símbolos de la economía actual, el símbolo de la nueva tecnología, de nuevos sistemas de mercadeo, de la ampliación de los mercados, de la presencia en todo país de productos de los más diversos orígenes.

Estamos en un mundo cada vez más competitivo --competencia de personas más y más capacitadas y también de robots muy eficientes-- lo que obliga a capacitar, a invertir, a aprender, a dar más de nosotros mismos para seguir teniendo una presencia.

Eso, por desgracia, no lo logran ver los grupos en el poder en El Salvador, en parte por no haber tenido experiencia de trabajo en el mundo real, en parte por estar anclados en ideas trasnochadas.

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