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Quieren revivir la ocurrencia del Seguro para domésticas
No puede esperarse que en un hogar donde los ingresos no pasan de un mil o mil quinientos dólares, habrá disponibilidades para pagar las cuotas del ISSS, pagar salarios mínimos
Era tan irrealista el plan de "incorporar" al Seguro Social a las trabajadoras de hogar que casi al nacer lo sepultaron, pero he aquí que, a falta de programas, iniciativas, ideas y propuestas con sentido, el Ejecutivo está reviviendo la gran ocurrencia, poniéndose como meta meter al sistema a cien mil personas.
No habrá cien mil nuevos asegurados, pero sí van a darse varias decenas de miles de personas que ahora trabajan honestamente, que queden sin su medio de subsistencia. Y que, además, aprendan a mentir, a simular lo que no son, a esconderse para que no denuncien a sus empleadores y pierdan su trabajo.
Partamos de una realidad: las familias que pueden, incorporan a sus empleados de hogar al régimen del Seguro, más para cubrirse de dolencias graves que para atender problemas menores de salud. Habrá quiénes no lo hacen pero son minoría.
El grueso de familias, más en estos tiempos de calamidad general, a duras penas se sostiene y logra pagar a sus empleados de casa. No puede esperarse que en un hogar donde los ingresos no pasan de un mil o mil quinientos dólares, habrá disponibilidades para pagar las cuotas del ISSS, pagar salarios mínimos, cubrir cuotas de vivienda y retiro, dar vacaciones… pues al Seguro siguen las pensiones (que luego se las quedan los burócratas) y todo el resto.
No es por el trabajador sino por sus centavitos
Llegado ese punto las familias no tendrán otro remedio que despedir a su empleada y si pueden, recontratarla para que llegue un par de veces a la semana.
Esto último también pone en graves problemas a personas que no pueden valerse por sí mismas y que tienen a alguien a su servicio no "para la cocina" como para que les hagan compañía y las cuiden. En estos hogares las dos partes –-empleador y empleado— se apoyan mutuamente para sobrevivir y contar con un techo y comida.
Más y más en nuestro país se ha dejado de contratar empleadas domésticas a tiempo completo, que vivan en la casa o duerman fuera, para hacer un arreglo de horas a la semana: dos o tres días, por la mañana o por la tarde, se presenta una persona a la casa para hacer limpieza, ordenar, regar las plantas, barrer la acera… y repetir el ritual unos días mas tarde.
En tales casos, en que un trabajador tiene varios empleadores, sería imposible sin caer en absurdos, definir a quién le toca pagar el Seguro ni mucho menos a quién reclamar si las cuotas no llegan puntualmente a las arcas de la entidad.
Lo más grave en esto es que el servicio de casa, doméstico, es una puerta de entrada para que jovencitas sin respaldo de sus propias familias y provenientes del interior de la República, puedan irse adaptando a las posibilidades de las grandes ciudades pero protegidas. Muchas así inician para luego ser empleadas de negocios o fábricas. La descabellada propuesta es otro golpe al empleo.
Alguien nos asegura de que esto no se quiere instituir tanto en beneficio de los empleados del hogar, cuanto para caerle encima a parte de sus salarios, como se han echado a la bolsa los ahorros de los trabajadores para su retiro y los recursos del INSAFORP.
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