Matan a gente inocente por vídeo que otros hicieron

Los Hezbollah y los fundamentalismos islámicos no se diferencian en nada de los Castro y lo que es norma bajo el "socialismo": las cúpulas en el poder se creen en posesión de la verdad absoluta

Cada vez que un caricaturista, cineasta, comediante, investigador o quien sea cuestione, se burle o critique a Mahoma y al Islam, se corre el riesgo de que masas enardecidas comiencen a matar personas inocentes por el solo hecho de ser extranjeros, como el asesinato de un grupo de turistas que iba a tomar un avión en Pakistán, entre los cuales había rusos, sudafricanos y europeos.

El movimiento terrorista sirio, Hezbollah, ha extendido la condena a los Estados Unidos como si la injuria al Profeta fuera un acto colectivo o un hecho patrocinado por Washington.

Nadie en Occidente, empero, va a pedir que se censuren publicaciones o personas por tratar lo que sea, aunque las leyes persigan a quienes causan perjuicio por lo que digan o hagan, como en el caso de las fotos "topless" de la Duquesa de Windsor. Proteger y garantizar la libertad de expresión es un fundamento irrenunciable de la civilización occidental y de la democracia como sistema político.

Casi desde el advenimiento del cristianismo hubo críticas a prácticas y doctrinas de la Iglesia, las que inclusive llevaron a muchos a la muerte, como a Giordano Bruno y a Miguel Servet, este último el descubridor de la circulación de la sangre en los cuerpos vivos. Como un póstumo desagravio, en Roma y en Ginebra, hay monumentos a esos dos mártires de la razón.

Fueron cristianos los más mordaces críticos de la Cristiandad, como Voltaire con su "Cándido" y los ensayos del Barón de Holbach. Pero desde principios del Siglo XVIII, sobre todo en Francia, nadie fue asesinado por lo que decía, con la excepción de los guillotinamientos ordenados por Robespierre durante el Reino del Terror, que inicia en 1789 y que llega a su fin cuando al propio Robespierre le cortan la cabeza.

Se acoplan dialécticamente con toda infamia

Pero mordazas, censuras, encarcelamientos, persecución a la crítica, presiones, amenazas a escritores y periodistas, quema de libros, cierre de publicaciones, juicios amañados y toda una camándula de atropellos y crímenes continúan ensangrentando y ensombreciendo los caminos de hombres y pueblos.

Sucedió en Rusia bajo los zares y en un grado extremo durante el estalinismo, fue el signo de los nacionalsocialistas de Hitler, es lo que prevalece en la Cuba de los Castro y en un grado u otro se da en Venezuela, Argentina, Ecuador y Nicaragua. Y una especie de variante a ello es la imposición del lenguaje "políticamente correcto" en Estados Unidos, que es una especie de mordaza impuesta por grupos sociales.

En El Salvador hubo siempre crítica y denuncia aunque existieron temas "delicados", como lo relacionado a los militares. Se dio bajo Lemus, en los tristes tiempos del Directorio Cívico a inicios de los años Sesenta, bajo Duarte en los Ochenta. Pero nunca se asfixió la opinión pública.

Los Hezbollah y los fundamentalismos islámicos no se diferencian en nada de los Castro y lo que es norma bajo el "socialismo": las cúpulas en el poder se creen en posesión de la verdad absoluta, unos por revelación del Profeta, otros por la doctrina expuesta por Marx, la que "dialécticamente" retuercen, voltean, cambian y manosean para adaptarse a las circunstancias, desde aliarse con corruptos hasta quemar y no quemar banderas.

Los caminos de la libertad no son fáciles y con frecuencia tienen trampas mortales.

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