OTROS EDITORIALES

No se pueden esperar buenas cosechas del mal árbol

La práctica "socialista" es ir cerrando espacios a lo individual, a lo ético, a lo sensato, al humor y a la espontaneidad. Pasar de lo colorido a lo gris, de la alegría a la crónica angustia

Martes, 11 de Septiembre de 2012

El florecimiento cultural de un pueblo, de personas y de comunidades, es sólo posible cuando hay libertad y se ejercita la libertad. En naciones subyugadas por la fuerza, o que sufren las prisiones del fanatismo, la cultura muere o languidece; nadie que conozca las realidades de la condición humana espera que entre los talibanes, la izquierda irreductible o las pobres almas que renuncian a pensar por su cuenta, van a surgir hombres cultos y creaciones de valor.

Es una ingenuidad y el solo planteamiento lo demuestra, la idea que tiene el actual Gobierno de que habiendo un "derecho a la cultura" hay que montar un aparataje legal y regulatorio para garantizar, o al menos fomentar, el que la gente pueda "ser culta". Dejamos a nuestros lectores y a quienes se interesan por estos temas, divertirse, asombrarse y también asustarse por el ramillete de lugares comunes, falsos conceptos y tonterías del corpus legis que se nos dice está pronto a llegar al recinto legislativo.

Más de alguno pensará que cuando gente que nunca ha destacado ni siquiera como medianía, habla de "cultura", es porque le han puesto el ojo a algún bien con el que quieren quedarse.

Hay que partir de una proverbial advertencia: no se deben pedir peras al olmo ni esperar que de un Gobierno y un partido que no deslumbra por su cultura, o siquiera por algún modesto acervo de saberes, vaya a surgir el gran impulso, la gran dinámica por lo cultural. Para fomentar la música "hay que tener oído"; para ser filántropo, "generosidad"; para ser artista, "vocación"; es obvio que para impulsar "la cultura" hay que ser "culto".

Del color y la alegría a lo gris y la angustia

La primera condición para que una persona o una comunidad se comience a culturizar, a elevarse a planos superiores de lo que es la rutina de vivir, es ser lo suficientemente libre del espíritu para escapar de las aldeas mentales, tener la curiosidad de ver más allá del cerro, preguntarse por qué otros oyen música distinta a la que se toca en el bar de la esquina o pueden encontrar belleza en esas extrañas pinturas donde los dos ojos están al mismo lado del rostro.

Lo que no ha sido, precisamente, lo usual de las teocracias ni de los regímenes socialistas (de nazis a bolcheviques), donde a la gente se le obliga a ver, oír, leer y hasta pensar lo que sus amos determinan. Ni de la época hitleriana ni de los tiempos de Stalin quedan obras valiosas resultado de las "visiones culturales" de esos monstruos.

De allí la insistencia de algunos conocidos nuestros: si estos semicultos están ahora hablando de los "Derechos Culturales" de los salvadoreños, es porque con algo quieren quedarse, como le han caído encima a los fondos de pensiones y últimamente lo quieren hacer con los empleos y los recursos del INSAFORP.

O si no van, lo que es de por si extraño, tras bienes culturales y dinero, lo que puede esperarse es que se intensifiquen los adoctrinamientos a los jóvenes, obligándoles a leer esas tergiversadas memorias guerrilleras.

La práctica "socialista" es ir cerrando espacios a lo individual, a lo ético, a lo sensato, al humor y a la espontaneidad. Pasar de lo colorido a lo gris, de la alegría a la crónica angustia.

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