OTROS EDITORIALES

Están para aportar saberes a los que no los tienen

Lo dispuesto equivale a vendar los ojos y tapar las orejas de los presidentes y directores de los entes que brindan servicios esenciales para el país.

Lunes, 20 de Agosto de 2012

Eliminar testigos de lo que pasa dentro de las entidades autónomas es el propósito de la "iniciativa del presidente Funes" al suprimir las representaciones del sector productivo para nombrar a dedo entre ternas propuestas por grupos hechizos.

Es irónico que el partido del expresidente Saca apoyara el madrugón del viernes, considerando que fue por la participación de él en ANEP y su cargo como presidente de la gremial, que pudo hacerse de la candidatura de ARENA para las elecciones del 2004.

Los representantes de las gremiales, que entre ellas agrupan prácticamente a todo el sector formal de la economía, no están para sacar información, espiar lo que dentro sucede, cuanto para aportar criterios y experiencias para la buena marcha de las entidades.

Esto es particularmente importante en la actual coyuntura en que son muy pocos los funcionarios y ministros con experiencia de trabajo en el mundo real, que conozcan los retos y las demandas de la economía globalizada y de un mundo crecientemente competitivo.

Lo dispuesto equivale a vendar los ojos y tapar las orejas de los presidentes y directores de los entes que brindan servicios esenciales para el país. Pierden los sectores que forzosamente dependen de esos servicios, pero pierde mucho más el colectivo salvadoreño.

De acuerdo con el proyecto, el Ejecutivo escogerá entre ternas propuestas por "asociaciones" de gremios para nombrar a los que representarán a los productores del país, lo que, se tiene el cinismo de asegurar, es un proceso "más democrático", suponiendo que las actuales entidades son parte de argollas privilegiadas.

Pero más transparentes y representativos no pueden ser entes como ANEP, ASI, Casalco y la Cámara de Comercio entre otras muchas, que eligen a su directivas en sesiones plenarias a las que tienen acceso miles de socios, para luego, en un proceso de nuevas votaciones, llegar a formar las directivas y escoger a sus presidentes.

A esto se agrega que los socios siempre pueden impugnar medidas, siempre son informados de lo que se hace, siempre están abiertos no sólo a sugerencias y críticas dentro de sus sectores, sino que, por cuestiones lógicas, a lo que piensan otros y a las exigencias del mercado, lo que ni de lejos sucede en el actual régimen militar de comandantes guerrilleros, que no admiten disidencia, son cerrados en sus movimientos y persiguen como pueden a sus opositores.

Las últimas medidas de fuerza tomadas por la Legislatura y el Ejecutivo, que montó un teatral "diálogo" para dar tiempo a la Corte de Justicia sandinista de Managua a decidir contra la Sala de lo Constitucional de El Salvador, señala los extremos de imposición en que se está cayendo aceleradamente.

Con su movida, Funes condecora a las gremiales

Con su decisión, Funes condecora a las gremiales del país, comprobando que no están al servicio de un gobierno venal e incapaz, que piensan por su cuentan, que toman decisiones correctas y que actúan defendiendo los intereses de las mayorías aun cuando su independencia y claridad de criterio les causa sinsabores y amenazas.

El Ejecutivo no acepta lo obvio: que representar al sector de trabajo salvadoreño sólo lo legitima la participación de decenas de miles de productores, negocios y actividades, más centenares de miles de empleos que cumplen con todos los requisitos que exigen las leyes.

Sólo lo legitiman procesos abiertos, no nombramientos de dedo de serviles.

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