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FUSADES confirma lo obvio: vamos en picada

El Salvador es uno de los países más endeudados del Hemisferio, deudas contraídas para pagar salarios de la nueva clase política más que para hacer obra pública y sostener programas de beneficio general

Jueves, 16 de Agosto de 2012

FUSADES señala los perniciosos efectos que el actual régimen ha causado a la economía, colocándonos a la cola de los países iberoamericanos en cuanto a inversiones, en confianza de los productores, en perspectivas, en seguridad jurídica y personal y, agregamos, en solvencia financiera. El Salvador es uno de los países más endeudados del Hemisferio, deudas contraídas para pagar salarios de la nueva clase política más que para hacer obra pública y sostener programas de beneficio general.

Para muchos este desastre es efecto de "los pleitos" entre los poderes del Estado, pero ojalá fuera así: los pleitos pasan, pero las malas políticas, la incapacidad de los funcionarios, la falta de rumbo y la abundancia de tragos, fiestas y "cheras", en el Monte Olimpo, tienen un terrible costo sobre la población.

Para sumar al desconsuelo, el miércoles se sufrió un fuerte temblor. Dios quiera que sólo sea uno más de los que geológicamente caracterizan al territorio, pues estando las entidades de socorro en manos de gente de modestas entendederas, se repetiría lo del Ida: casi nula asistencia a los damnificados, casi nula reconstrucción de lo destruido y, además, falta de recursos para reponernos de los perjuicios.

Como señalamos ayer, al comentar el fallo de la Sala de los Constitucional sobre LaGeo, la realidad económica está muy distante de cómo la conciben los marxistas y lo siguen creyendo sus seguidores: un productor, un fabricante, un exportador, al igual que los concesionarios para explotar la energía geotérmica o una mina, no montan "los bienes de producción" y allí termina la historia; los "bienes de producción" se deterioran como los organismos vivos y, por lo mismo, hay que reponerlos, nutrirlos, curarlos, lo que equivale en lo económico, a incorporar nueva tecnología, descartar lo que va quedando obsoleto, efectuar ampliaciones, capacitar personal, mejorar su nivel y competir.

En poco tiempo

se han acabado a El Salvador

Para "estar al día" las empresas tienen que invertir de manera permanente; no hacerlo es marchitarse y morir. No hacerlo, además, es poner en riesgo el empleo que ellas generan y los servicios que prestan a sectores y a la población en general.

Esto es particularmente grave en momentos en que se reduce la oferta de trabajo y se temen carestías de alimentos en el mundo, como lo demuestra el alza del precio de la harina, que ha elevado el precio del pan y sus derivados. Hay escasez de granos a causa de las sequías en Estados Unidos y Rusia, al mismo tiempo que la agricultura salvadoreña permanece aprisionada por las limitantes que fijó la Reforma Agraria pero, peor todavía, por las ideas trasnochadas del actual Gobierno, que cree que regalando semilla a pequeños agricultores se podrá abastecer a un gran mercado.

Lo que apunta a la gravedad de lo que está sufriendo El Salvador: después de ser un país líder y en crecimiento, ahora decrece y está en crisis en todo: en lo institucional, en lo económico, en lo financiero, en lo político. La gran desconfianza se traduce en un grave descenso en las inversiones, que son el oxígeno del desarrollo.

El Gobierno está dando palos de ciego sin acertar en nada. Sólo falta que salgan a validar el fallo de la Corte sandinista y a mendigar ayuda a Chávez y a los iraníes, pues otras fuentes de cooperación se cierran.

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