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SIGET/LaGeo: un gran éxito Asamblea/Puerto: un desastre
Si no logran comprender cómo operan las navieras y lo que vuelve viable a un puerto, menos sabrán respecto al aprovechamiento de fuentes geotérmicas
De golpe, a raíz del inoportuno y mal pensado fallo sobre las concesiones como una prerrogativa de la Legislatura, el país queda prácticamente sin posibilidad de atraer grandes inversiones, como lo evidencia el caso del Puerto de La Unión: más de cinco años debatiendo y esa terminal marítima continúa abandonada.
Es obvio que los magistrados no se dejan asesorar por personas con los pies en la Tierra. No parece que quienes conocen las realidades de la producción, del cambio tecnológico, del grave riesgo que corre un país anclado en el Siglo XIX, logren actualizar ideas y conceptos tanto en los partidos de izquierda como en la Corte.
Con la SIGET, entidad a la que la Asamblea con su ley de creación delegó estudiar la conveniencia de efectuar concesiones y vigilar su cumplimiento, los interesados en invertir tenían un interlocutor informado y razonablemente objetivo. Dadas las grandes complejidades de inversiones de esa envergadura, sólo profesionales responsables y capaces de comprender los alcances de lo que se propone pueden negociar y decidir sobre condiciones, plazos (de ser necesarios), alcances, limitaciones y la clase de marco legal e institucional requerido, entre muchos otros factores.
Que la concesión fue acertada lo comprueba el importante aporte de LaGeo al país. El Salvador sufriría de un déficit energético y mayores costos de no haber sido por LaGeo; el cuadro de ineficiencia, malos procederes, clientelismo y barbaridades se dio en la contraparte, comenzando por el error de poner en manos de gente con nula experiencia un sector de tan vital importancia para la economía.
No existe "el Estado" sino únicamente burócratas
Asumir que la Asamblea puede tomar en sus manos la concesión de servicios públicos o inversiones para desarrollar fuentes de energía o extraer riqueza del subsuelo, es creer en pajaritos preñados, como lo pone en evidencia el caso del Puerto de La Unión.
En esto no vale soñar, construir castillos en el aire, creer que por un milagro la Legislatura va a tomar siempre acertadas decisiones en bien del país, cuando en el cuerpo diputadil se pueden contar con los dedos de una mano los que tienen la capacidad de entender las complejidades técnicas y económicas de una inversión como la realizada por LaGeo. Si no logran comprender cómo operan las navieras y lo que vuelve viable un puerto, menos sabrán respecto al aprovechamiento de fuentes geotérmicas.
El fallo, por falta de un asesoramiento siquiera elemental, habla de límites a la duración de las concesiones. Es obvio que no se han enterado de lo que pasó con la concesión de la antigua IRCA o de Ferrocarriles de El Salvador, operado durante muchos años por los ingleses. Llegó el final de la concesión, los ingleses pidieron extenderla, la Asamblea declaró que el país tenía la capacidad de manejar los ferrocarriles, los ingleses se fueron y poco tiempo después los ferrocarriles pasaron a mejor vida.
"El país" era capaz, como "El Estado" vela por el bien público. Se olvida que "país" y "Estado" son conceptos etéreos; lo que se tiene son diputados de carne y hueso, funcionarios venales y hasta alcoholizados, gente que no entiende de tecnología, muy pocos, en el "sector público", con experiencia real en el mundo del trabajo.
Nunca se concesiona y allí termina la historia. Hay que reinventar, reinvertir, competir, actualizar para seguir operando.
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