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El iracundo déspota ecuatoriano contra la libre expresión
Los medios de difusión en los países libres no se imponen sobre sus lectores o sus audiencias, como es el caso de Granma en Cuba y fue el de Pravda en la extinta Unión Soviética
Correa, el iracundo déspota ecuatoriano, justifica el uso de la publicidad gubernamental como un instrumento para premiar a los que le halagan y castigar a quienes le critican. Les suprime la publicidad y además los baña de improperios, calificándolos de corruptos, desinformadores, mercantilistas y las infamias que en ese momento se le cruzan por el hígado.
Esto no es nada extraño en este continente de truculencias y tropelías. Lo hace Chávez, es lo usual en la Bolivia de Evo, lo acostumbra Daniel Ortega (el magistrado máximo de la Corte de Managua) y, por desafortuna, sucede también en El Salvador.
En Cuba, hay que reconocerlo, no se presiona a los medios informativos suprimiéndoles la publicidad oficial. Los castristas se fueron por la solución fácil: no hay medios independientes, no hay publicidad sino únicamente propaganda y al que anda protestando, como Payá, lo "accidentan".
Es lo que pueden los salvadoreños esperar si se consuma el control de los comunistas sobre los tres poderes del Estado: no basta una Corte rosada, sino que pretenden una Corte roja absolutamente sumisa a sus objetivos.
Pero la gran y gloriosa marcha hacia "el socialismo" pasa por diversas etapas, una de las cuales es la de coartar la libertad de expresión, como ya inició en este suelo con el fallo de la independiente Corte igualando a todos los salvadoreños para que den con sus huesos en la cárcel por delitos contra el honor de crápulas.
El otro y simultáneo paso es echar mano de fondos públicos para vengar resentimientos personales. Precisamente lo que hace Chávez, hizo Duarte en los Ochenta, es la práctica de Correa y también está ocurriendo aquí.
La publicidad, empero, es un acto económico, una inversión que debe responder a criterios de efectividad, retorno del gasto, beneficio para la gente en el caso de la publicidad oficial. Meter dinero en malos negocios es lo que sucede cuando se premia a medios sin mayor difusión y se margina a los que tienen coberturas más amplias.
No se trata tampoco de proceder "al ojo". Hay estudios de audiencias, datos precisos sobre consumo de papel y corriente eléctrica, inspecciones que se pueden hacer sobre puntos de venta en esquinas de la ciudad, etc. No se trata de comprar camioncitos al "vendedor más simpático que además se hace querer", sino de adquirir equipos confiables y que tengan el debido respaldo.
Quieren controlar lo que se lee, se oye, se mira
Los medios de difusión en los países libres no se imponen sobre sus lectores o sus audiencias, como es el caso de Granma en Cuba y fue el de Pravda en la extinta Unión Soviética, donde no hay alternativas, sino que cada día deben ganar su puesto en el sol. El iracundo Correa lo que busca es restringir lo que los ecuatorianos pueden leer, miran y oyen, para iniciar el proceso de estrangular la información hasta que sólo prevalezca la propaganda del régimen.
Alguien nos asegura que la discriminación de la publicidad que se hace en este país es en contra de las convicciones del actual presidente, que cuando sufrió un boicot publicitario (de publicidad privada, no de gobierno) hizo airadas protestas sobre lo que calificaba de procedimientos inmorales, contrarios a la libertad de expresión. Lo lamentable es que sus ministros desconozcan el buen mensaje.
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