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"Habrá un buen acuerdo si aceptan mis condiciones"
Lo que la gente de la calle, los salvadoreños medios deben comprender, es que en juego no están únicamente enfoques constitucionales y problema de personalidades, sino su empleo, su sustento
Es clara la intención de la izquierda de darle largas a las negociaciones políticas sobre la crisis institucional, a la espera de lo que la Corte de Justicia Centroamericana y Sandinista disponga. Desde el inicio del bailoteo el Ejecutivo tomó lado, y ese lado es favorable no a la Corte rosada sino a la Corte roja, la comprometida con el marxismo-leninismo y la gran revolución.
Lo que la gente de la calle, los salvadoreños medios deben comprender, es que en juego no están únicamente enfoques constitucionales y problema de personalidades, sino su empleo, su sustento, lo que les permite cuidar a sus familias, decidir sobre la educación de sus hijos, planificar para el futuro.
En juego están las libertades básicas de cada uno de nosotros, de decidir lo que queremos, dónde emplearnos, a qué sitios nos gusta ir, qué leer, mirar y oír. Y encima de todo, poder elegir a nuestros gobernantes y también descartarlos cuando son incapaces, no cumplen con lo que ofrecen y además cargan con patrimonios públicos.
La diferencia entre jueces probos y jueces que cumplen agendas propias o partidistas, es clara, contundente: los primeros fallan de acuerdo con el Derecho, sustentándose en lo que ha sido la ley escrita y las tradiciones jurídicas, mientras los segundos (lo que es la gran amenaza sobre el país y sobre todo el Hemisferio) deciden basándose en "justicias inventadas" para ir alcanzando finalidades ajenas al interés general.
Si ahora son prepotentes, cómo serían después
En las negociaciones, o "diálogo" que tiene lugar, hay una postura inequívoca, la de los comunistas: si ustedes, la derecha o los partidos no afines al nuestro, aceptan nuestras condiciones, entonces llegaremos a un acuerdo; si buscan lo contrario, caeremos en un impasse hasta que la "Corte de Justicia Centroamericana y Sandinista" intervenga.
La solución que proponen es ratificar como miembro de la Sala al abogado que rompió chapas y allanó espacios públicos por la fuerza, para que en esa vergonzosa jornada y con el apoyo de sindicalistas afines a los rojos, le alzaran el brazo en alto como al púgil que había vencido a su adversario.
El adversario, se debe decir, es lo que de decente, moral y legal todavía queda en el país.
Pero por encima de la situación, de Sala y Legislatura cogiéndose de las mechas y gritándose improperios, debe vislumbrarse una nueva fase en nuestra realidad: de que la gente que piensa y la gente que se preocupa constructivamente de los destinos del país se ha dado a la tarea de tomar posiciones, de denunciar, de discutir lo que sucede, de buscar soluciones no sólo al impasse del momento, sino de lo que viene sucediendo, y en un aspecto importante, superar la calamidad general a que la inepcia del actual gobierno nos ha llevado.
No es fácil salir del embrollo, más cuando hay personajes mesiánicos y grupos que se creen en posesión de la verdad divina, que pretenden decirle al resto de nosotros lo que debemos hacer. Una señal es la prohibición que prepotentemente se ha hecho a un reportero --vale decir a alguien cuya función es ser los ojos y oídos de la colectividad-- de no acudir a sitios públicos donde se discuten temas de interés público.
Si quieren echar a magistrados, ya imaginan lo que querrán hacer con otros.
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