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No toma partido pero apoya a "la Corte C.A."
Nadie en su sano juicio quiere como juez, y menos como el juez de mayor rango en la nación, a individuos que se valen de grupos de fuerza para instalarse y que además rompen cerraduras y candados sin orden judicial
El Ejecutivo dice que no toma partido pero al mismo tiempo asegura que la Corte Centroamericana de Justicia tiene autoridad para dirimir conflictos entre poderes del Estado.
La suya es una opinión que no comparten tres altos tribunales constitucionales centroamericanos, integradas por abogados prestigiosos y juristas.
Cualquier autoridad formal que hayan tenido los magistrados electos por la argolla legislativa, una elección aritméticamente válida pero moralmente sucia y además de moralmente sucia en contravención del espíritu del ordenamiento constitucional salvadoreño, se derrumbó por las fuertezas y atropellos perpetrados por los electos.
Nadie en su sano juicio quiere como juez, y menos como el juez de mayor rango en la Nación, a individuos que se valen de grupos de fuerza para instalarse y que además rompen cerraduras y candados sin orden judicial. Abrir un proceso formal de investigación por actos delincuenciales, por lo que "ni tú ni yo podemos hacer impunemente pero que esos individuos sí se lo permiten", es la obligación de la Fiscalía, deber que cumplió.
Cualquier asomo de legitimidad que este grupo de eminencias haya tenido se vino abajo al violentarse la primera cerradura.
Ninguna persona sensata tampoco quiere jueces que reniegan del Derecho por militar en una secta contraria a la Tradición Occidental, vale decir de lo que de decente, justo, libre, ético y racional se ha labrado a lo largo de milenios.
En esto vale repetir la interrogante que venimos planteando desde que se instaló en el poder el grupo moralmente menos calificado y más violento en nuestra historia: ¿dónde hay ejemplos de sociedades comunistas que sean prósperas, culturalmente admirables, políticamente libres, pacíficas y democráticas?
En ninguna parte. Si en tres años los rojos criollos han prácticamente llevado a la bancarrota al país, contrariado a sus tradicionales aliados, dividido a la sociedad y tolerado una violencia demencial de sus ocasionales compañeros de viaje, los mareros, ¿que se puede esperar de un futuro con ellos?
Pero, según el Ejecutivo, aquí no pasará nada y se mantendrá la ayuda externa. Cabildear esos apoyos en Washington es la tarea encomendada a dos de sus brillantes miembros y consejeros, preparados para convencer al Congreso y a la Casa Blanca de que la Corte Centroamericana, bajo la tutela y las presiones de un Ortega, es la instancia legítima, el poder que está por encima de los ordenamientos constitucionales de los cinco países centroamericanos.
Esa tarea, por cierto, es equivalente a persuadir a los estadounidenses de que la Corte de La Haya está por encima de todas las instituciones de su propio país.
Lo único que les importa es el gran festín
Con ayuda o sin ella, las repercusiones de este desmadre se están haciendo sentir. Los productores del país, representados por muchas gremiales y ANEP, se han retirado del estéril circo que es el "Consejo Económico y Social", como del programa Asocio para el Crecimiento.
Es preocupante que lo hagan pero más todavía las repercusiones de su decisión, fáciles de adivinar: en esta tierra se ha perdido la seguridad jurídica y todos estamos quedando a merced de aventureros políticos, de corruptos, de quienes anteponen su prurito por llegar a saquear, a los intereses de la colectividad.
Si el régimen rechaza los reclamos de gran parte de la sociedad, del sector productivo y de nuestros aliados, ¿qué pueden esperar en este país los pequeños, los ciudadanos de a pie?
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