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Constrúyase el aeropuerto con inversión privada

Respetar los ahorros es la mejor manera de garantizar que el país disponga de los recursos para realizar obras que por su tamaño es muy difícil que sean financiadas por otros

Lunes, 9 de Julio de 2012

En vista de la calamidad financiera en que ha caído el actual gobierno (ha habido derroche, se han endeudado hasta el borde de la insolvencia pero sin efectuar obra de beneficio general) no hay recursos para la urgente ampliación del aeropuerto, lo que se viene ofreciendo, prometiendo, anticipando, dejando "para los próximos meses" pero que, como en casi todo, no camina.

Como por cierto también sucede con el Puerto de La Unión, que el gobierno recibió nuevito y de seguro lo va a entregar nuevito, sin uso. La obra está paralizada porque para salvar un patrimonio intocable de "el pueblo", el actual régimen rehúsa hablar con los funcionarios que estructuraron una concesión que era la más sensata y beneficiosa, pero que fue rechazada en la Legislatura porque podría beneficiar a algún capitalista "del imperio".

La demora ha creado un problema: o se construye el aeropuerto por "el Estado", se permite que lo hagan inversionistas privados, o TACA busca otro aeropuerto donde establecer su centro de operaciones, el HUB. Ante ello y de acuerdo con declaraciones publicadas en este Diario, CEPA propone cambiar la ley para que puedan inversionistas privados llevar a cabo la ampliación.

Esta clase de proyectos, obras de gran envergadura pero con beneficios a largo plazo, se financia en muchas partes con los fondos de retiro de los trabajadores, como lo hacen las AFP chilenas, que inclusive invierten una porción sustancial de sus recursos para participar en proyectos de otros países como Argentina y Brasil. Es también la clase de proyectos en que invierten las compañías de seguros (rascacielos, flotas de aviones, grandes obras de ingeniería), ya que son los únicos consorcios que pueden esperar décadas para recibir beneficios, pues es también en décadas que tienen que cumplir con sus asegurados.

Fabricar carretas es distinto a comprar furgones

El problema, como se viene denunciando desde hace rato, es que "el Estado" salvadoreño se embolsa gran parte de los ahorros de los trabajadores, ahorros destinados a sostenerlos en sus años dorados, pagándoles tasas de interés risibles.

En unas declaraciones que se dieron hace pocos días sobre soluciones alternas a ese asunto, se dijo que iba a estudiarse una remuneración justa, estudio que de inmediato llevaría a la única decente conclusión: paguen las tasas de mercado; cualquier otra tasa que se aplique es una forma de robo.

Respetar los ahorros es la mejor manera de garantizar que el país disponga de los recursos para realizar obras que por su tamaño es muy difícil que sean financiadas por otros.

Pero hay otro grave perjuicio, un significativo daño a una colectividad, que por lo general no se entiende: que acumular capital es muy distinto a gastarlo, pues mientras con lo uno, una masa de dinero sustancial, puede hacerse mucho, desde financiar grandes obras hasta prestarlo a emprendedores, lo otro, el gasto a granel, por pequeñas cantidades, al menudeo, digamos en salarios y bonificaciones a la nueva clase, es consumo y no agrega a la capacidad de producción de un país.

Producir para una pequeña comunidad es fácil e inclusive se puede hacer con los más primitivos implementos, pero producir para un país requiere grandes inversiones y equipos. Una carreta puede elaborarse artesanalmente para transportar una pequeña cosecha, pero se necesitan furgones para mover alimentos a una capital. Es lo que facilitarían los ahorros de las AFP.

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