OTROS EDITORIALES

"Ni derecha ni izquierda, sino todo lo contrario…"

La grave y potencialmente aniquiladora tendencia del momento en Hispanoamérica es la impunidad que rodea a los saqueadores de los bienes públicos

Lunes, 25 de Junio de 2012

El picarazo que fue Luis Echeverría, expresidente de México, solía decir que no era "ni de izquierda ni de derecha, sino que todo lo contrario…", postura que se ha puesto de moda en nuestra apaleada tierra: abundan los que reniegan "de la derecha y de la izquierda", autocalificándose como "de centro", modernos, iluminados, personas que superaron "los conflictos de la Guerra Fría".

Para poner en su adecuada perspectiva lo acontecido, recuérdese que en los Años Treinta hubo movimientos políticos que fueron más tarde calificados como "derecha" pero que eran variantes del socialismo marxista, como los nazis ("nacional-socialistas") y los fascistas, la menos virulenta de esas tendencias. El fenómeno lo expone el gran pensador austríaco Von Hayeck en su obra "Camino de la servidumbre", donde tangencialmente toca otra faceta del mismo: el trasiego de comunistas a los movimientos nazis y fascistas, y lo inverso. La coincidencia de ideologías era mucho más marcada que sus diferencias: los nazis exterminaron a cerca de diez millones de personas; los comunistas soviéticos a más de cuarenta millones; los maoístas sobre sesenta millones, a lo que se suma la devastación económica y social causada por sus miserables políticas, todas de intervención estatal.

La guerra caliente en Centro-América no tuvo nada de "fría"; no era de "ideologías" sino de terribles realidades: un ataque montado por los soviéticos vía sus sátrapas cubanos para destruir las incipientes democracias de la región, y la destartalada defensa de nuestros países apoyada por ciertos sectores en Estados Unidos.

Que no estemos en la pobreza nicaragüense o el desastre cubano es resultado de la reacción de "derecha", lo que incluye el primer desgobierno de izquierda que tuvo el país, el de la Junta y Duarte, algunos de cuyos miembros militan hoy en día en la izquierda radical, los "verdes por fuera y rojos por dentro".

Pero defender o promover la libertad económica, la democracia representativa, el Orden Moral, el Estado de Derecho, la honestidad y la convivencia pacífica, no es parte de esa vituperada derecha ni debe considerarse como sostén o postura de ladrones, manipuladores y enfermos mentales que anhelan el poder para servirse a lo grande, no para servir a sus países.

Una cosa es democracia, otra dictadura, otra anarquía, otra cleptocracia "o todo lo contrario". La grave y potencialmente aniquiladora tendencia del momento en Hispanoamérica es la impunidad que rodea a los saqueadores de los bienes públicos, individuos que amasan enormes fortunas y que luego están en posición de doblegar voluntades y de acudir a la OEA para que los defiendan, como los Ortega y Zelaya.

Los "explotados" tienen trabajo y prestaciones

El mercado libre, para que funcione, tiene forzosamente que acatar las leyes y las buenas costumbres. No hay "capitalismo salvaje" en una democracia que exige a los empresarios pagar prestaciones, cuidar el bienestar de su personal, pagar impuestos y, primordialmente, servir a sus clientelas, que son parte del público. Ya el país contempló el espectáculo de un funcionario que difamó una industria, no fue procesado pero al no demostrar nada de sus vilezas, dejó de despotricar.

No hay explotación como la entienden los trasnochados del marxismo o, como se señala, en una sociedad libre los pobres no son "explotados" y los "explotados" no son pobres; lo que anhela la gente es que la "exploten" dándole empleo.

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