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Donde el caballo pateaba no volvía a crecer la hierba
En la economía real el que no sabe administrar y no procede con tiento, desaparece. Hay que estar muy alerta a los cambiantes gustos de los consumidores, a controlar los gastos, a capacitar al personal
No nos toca dudar de la gran sensiblería social de los que vienen nombrando en la Dirección de la Lotería Nacional, ex de Beneficencia --cuatro ilustres en menos de tres años--, pero obviamente una cosa es ser un gran luchador por las causas de "el pueblo" pero otra tener elementales capacidades para administrar siquiera una tienda de barrio.
El primer nombrado llegó al cargo, se dice, por el apoyo que su partido dio al entonces candidato presidencial. Nada de ver si había idoneidad, si existía experiencia en lo que es una entidad de mercadeo y también de servicio, nada de averiguar si la persona iba primero a oír y luego a actuar. A oír a los vendedores, eso es, que son los que patean calle y conocen los gustos de la clientela, el público que compra los billetes y es el sostén de la institución.
Así ha venido sucediendo, como ocurre en prácticamente todas las oficinas y ministerios: se nombra para premiar militancia, para "dar algo" al que no consigue nada por su cuenta y mérito, para ayudar a primos, hermanos, hijos y amigos (a los "nipotes", o "sobrinos", como en la Roma medioeval) para muchos con otros propósitos, pero no para manejar con eficiencia entidades que prestan servicio a la gente, la que paga los salarios en última instancia.
De Atila el Huno, el Azote de Dios (siglo V d.C.), se decía que donde su caballo ponía los cascos no volvía a crecer la hierba, como por cierto sucedió en los Ochenta: donde los caballos de los reformadores agrarios ponían los cascos, se acabó el verdor. Atila llegó a saquear Roma, dejando otra lección: destruyen todo, son eficientes saqueadores.
Recuérdese: no es de soplar y hacer botellas
Lo pasmoso en el caso de la Lotería es que mal que bien, con altos y bajos, había venido operando sin grandes problemas y además cumpliendo con la función para la que fue creada: generar fondos para el sostenimiento de entidades benéficas como asilos de ancianos, hogares de niños en abandono o con enfermedades incurables, clínicas financiadas en parte con contribuciones de particulares, etc.
Pero hasta lo que se ha entregado en buen estado se lo acaban. En visitas hechas por reporteros de EL DIARIO DE HOY a un número de centros de atención a menesterosos o personas que requieren de ayuda, la queja es la misma: nos han cortado el apoyo anterior, sólo son promesas, no nos atienden para resolver urgencias como techos a punto de colapsar, etcétera. Y además la entidad ha acumulado serios déficits, más de seiscientos mil dólares en lo que va del año.
En parte el problema ha sido causado por las grandes pensadas de los nombrados, que desoyendo a los vendedores y sin ni siquiera consultar a previos directores, se metieron a cambiar lo que aun modestamente funcionaba bien. Ojalá que el recién nombrado director, el cuarto en la serie, escuche a los vendedores, hable con los compradores yendo a parques y esquinas de la ciudad, y piense mucho cada paso que vaya dando.
En la economía real el que no sabe administrar y no procede con tiento, desaparece. Hay que estar muy alerta a los cambiantes gustos de los consumidores, a controlar los gastos, a capacitar al personal, a dar más por menos en lo posible.
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