Las mismas griterías desde hace medio siglo

Los pobres comunistas siguen sumidos en las cavernas ideológicas del Pleistoceno, creyendo que el mundo continúa igual, que el progreso es obra del desorden y de las huelgas

En gran parte del mundo hubo marchas, mítines, protestas, arengas, saqueos, emporcamiento de paredes, eslóganes y todo lo usual del "Día del Trabajo", la fecha marxista que renueva la agitación social, los resentimientos de clase, la confusión y, como consecuencia, deterioro del empleo.

Marx instituyó la fecha en honor de su amigo, el poeta alemán Enrique Heine, expulsado de Alemania a Francia un uno de mayo, lo que perdura al día de hoy.

Pero además de la fecha, se mantienen los mismos mensajes, actitudes, reivindicaciones y amenazas que marcaron las primeras marchas en Europa hace casi ciento cincuenta años. En El Salvador todo se repite sin cambio; quien haya presenciado una marcha y oído las griterías en 1963, no encontraría diferencia con lo del martes: en medio siglo los rojos no han olvidado sus frases y discursos ni han aprendido de los asombrosos cambios realizados en prácticamente todo el quehacer humano.

Los pobres comunistas siguen sumidos en las cavernas ideológicas del Pleistoceno, creyendo que el mundo continúa igual, que el progreso es obra del desorden y de las huelgas, que sólo ellos pueden contemplar, entender y aplicar la sabiduría suprema. O, como dijeron la semana pasada, "la dirigencia sabe lo que más conviene".

Si "la dirigencia sabe lo que más conviene", elecciones, discusión parlamentaria, debate público, análisis financieros, exposición de problemas atañeros a la producción y el comercio, hacer números, son prácticas inútiles cuando no encajan con la realidad de que "la dirigencia sabe lo que más conviene". El pueblo debe agachar la cabeza y dar gracias a las deidades del marxismo de contar, en esta tierra, con los iluminados que marcharon el martes.

Proponen un semiembarazo monetario

El martes hubo dos portentosos anuncios: el primero, que son los productores los que deben ablandar su corazón y mejorar las condiciones de sus empleados y trabajadores. "Cuando no hay dinero no hay dinero", según afirmó un magistrado de la Sala, que las empresas estén sobreviviendo como pueden la crisis, que el país sufra los graves efectos de las torpes medidas decretadas, que la inversión se haya desplomado, no cuenta y no cuenta porque, en apariencia, no lo entienden.

Lo que es de esperar, el no entender, de personas que nunca han trabajado en el mundo real y por tanto no conocen de primera mano lo difícil que es sacar adelante un esfuerzo para producir, competir y ganar lo suficiente para seguir adelante.

Lo segundo es el anuncio de que se va a introducir el colón en forma parcial. Como dijo Erhard, el padre del Milagro Alemán, eso de desdolarizar por poquitos es como una mujer semiembarazada, con la diferencia de que el parto no se da en nueve meses sino que el descalabro se produciría en semanas.

¿Aceptarías tú, apreciado lector, que te dejen de pagar en dólares para pagarte con los papeles impresos en el Banco Central, que puede producirlos en las cantidades que le da la gana? ¿Crees además que la señora de la tienda, los que distribuyen gas, el de la gasolinera van a aceptar esos papeles hechizos cuando todavía hay dólares circulando?

¿Que pasará con tus ahorros, con la guaquita dentro del colchón, con las remesas que recibes de tu hermano en California?

Pues pasará lo usual bajo el comunismo: que se quedan con tu dinero.

Utilizamos cookies propias y de terceros para optimizar el rendimiento, mejorar la experiencia de navegación y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que acepta el uso de cookies. Más información.